Pues ya está. El daño hecho, el resto será fácil, no tardarán mucho, ¿qué duda hay? Entendimiento, cohabitación, pacto consumado, quién sabe si multi-orgasmo político.
Durante varios años, un grupo de amigos nos reuníamos en la jornada de reflexión previa a toda cita electoral para ver ‘Amanece que no es poco’, ese disparate genial. Ya ven ustedes, fetichismo inofensivo en torno a unas cervezas. Y no había mejor forma de desdramatizar. Un día dejamos de juntarnos sin motivo y temo que debamos retomar la ceremonia sin falta para celebrar que las elecciones en nuestra región siguen siendo un ‘remake’ de aquella peli premonitoria. Siempre más de lo mismo, igual votación, parecidos resultados y similar reparto de ‘papeles’: el borracho, el alcalde, las adúlteras, el maestro, el cabo de la benemérita, la puta… A tenor de los recientes comicios, este último rol parece muy interesado en retenerlo León; ¡con consentimiento, eh! Los ciudadanos han elegido. La decisión ¿es legal, es legítima? Sí. ¿Es sensata, es respetable? No. Estamos enganchados al fentanilo político de unas siglas y no salimos de los mismos colores desde hace medio siglo. Medio siglo, mismas siglas. No reaccionamos ni por la emoción de cambiar un poquito de entrenador. Ni siquiera viendo nuestra posición en la tabla: Castilla y León a la cola de las demás regiones; León a la cola de Castilla y León.
Antes resultaba ganador absoluto un partido, invariablemente el mismo, rancio y estéril. Pero como todo lo que es susceptible de empeorar, empeora, en los últimos tiempos ganan dos, el malo conocido y el peor por conocer. «Todo se os dará por añadidura» si nos queremos poner bíblicos. «Ojo altanero y corazón hinchado no puedo soportar» si nos queremos poner incluso salmódicos. O mejor, por alargar el símil futbolero: llega a mayores una formación, fichaje extra-comunitario, cuyo único programa es reventar la competición liguera. Romper las reglas, la democracia, las autonomías, la convivencia, el orden internacional. Negar las evidencias y hasta el pasado: nevará lo que ellos digan, no hay descenso poblacional, la violencia machista no existe, jamás hubo guerra por estos montes y con ellos viviremos en Narnia.
Ruina ya teníamos; en adelante será agonía con dolor. De ahí deriva el título: ¡ojo, cuidado, peligro inmediato! si nos queremos poner panfletarios. Tuvimos el triste privilegio de ser pioneros hace cuatro años, en aquel pacto tan Gallardo. Nuestra valía ahora es ser de nuevo espejo para el resto del país, por lo que se avecina.
Reflexión final: puesto que en las tierras calcinadas el fuego ha beneficiado al culpable, se conoce que el candidato ganador conocía bien el paño y/o había leído a B. Constant: «Para el hombre que aspira a la elección popular, los tontos forman una corporación respetable, porque siempre son mayoría». Equilicuá. El pueblo ha elegido. Volvamos a la película: «… es que el tema del libre albedrío viene aquí pintiparado». Pues nada, a disfrutar de lo votado.