03/11/2025
 Actualizado a 03/11/2025
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Mi nombre es Clara. Clara Pérez de Viedma. Mi linaje procede de las Montañas de León. Tengo 16 años y vivo en El Quijote de Cervantes, en concreto en el capítulo XLII de la primera parte. Llego a la destartalada venta en la que El Loco aquel, ya casi anochecido, se encuentra a punto de pronunciar su afamado "Discurso de las armas y las letras" ante doce pesonas entre las que se encuentra El capitán cautivo,, que viene de su cautiverio en Argel y trae consigo a  la mora Zoraida, dispuesta a convertirse en cristiana y a deposarse con el.

El Capitán cautivo acaba de contar su historia y me ponen al corriente las mujeres que se trata de  Ruy Pérez de Viedma, hermano de mi padre Juan, que ha llegado conmigo desde Madrid, camino de Sevilla, donde, cuando lleguen los vientos Alisios, nos embarcaremos para Indias a tomar él posesión de la plaza de Oidor.  Ellos, los dos hermanos, no lo saben todavía. Mi tío Juan se encuentra reposando y mi padre discutiendo con el ventero, que, a falta de aposento, nos ofrece su habitación a cambio de que usemos nuestras propias camas que debemos traer.

Alguien le ha avisado al Loco que ha llegado un viajero que "trae de la mano a una doncella, al parecer de hasta diez y seis años, vestida de camino, tan bizarra, tan hermosa y tan gallarda, que a todos puso en admiración su vista" Esa soy yo.

De pronto, escucho la clamorosa voz del Loco aquel que, dirigiéndose a mi padre, clama: "Seguramente puede vuestra merced entrar y esparcirse en este castillo, que aunque es estrecho y mal acomodado no hay estrechez ni lugar en el mundo que no dé lugar a las armas y a las letras, y más si las armas y las letras traen por guía y adalid a la fermosura como la traen las letras de vuestra merced en esta fermosa doncella..."

Y yo comprendí que, de pronto, estaba entrando en otro mundo que nada tenía que ver con el mío de Madrid, con mi madre muerta y mi enamorado vecino cabalgando a escondidas detrás de nosotros, camino de Sevilla.

"Entre vuestra merced (decía el Loco) digo, en este paraíso, que aquí hallará estrellas y soles que acompañe al cielo que vuestra merced trae consigo"

Y así fue como llegué a este lugar en el que dos hermanos, de los tres que un día partieron de un lugar de las montañas de León, cada uno persiguiendo uno de los tres destinos: "Iglesia o mar o casa real" iban a encontrarse allí.

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