Si ya de por sí nuestras elecciones autonómicas levantan pocas pasiones, en esta ocasión el nivel de sopor de la contienda recuerda al de esas horas de agosto que uno pasa dormitando mientras hace como que ve una etapa larga y llana de cualquier vuelta ciclista.
El maillot amarillo lo luce el pálido Mañueco, candidato lánguido, manso como gusta en Génova, que repite con voz aflautada un discurso sobre «la gestión» capaz de acabar con el insomnio más pertinaz. ¿Podría un buen resultado de Vox conseguir que este pan sin sal se atreva con auténticas rebajas fiscales, recortes de subvenciones a sindicatos y chiringuitos progres, y otras de las más de 500 medidas propuestas por la lista de Pollán que el propio PP podría haber planteado si Rajoy no lo hubiera convertido en un PSOE de segunda?
Al lado de Mañueco colocan, también con perfil de buen gestor, al rubio de Los Pecos, muy querido en Soria capital, pero igual de muermo: ni quiere que le identifiquen como sanchista, lo que le hundiría en las encuestas; ni se alinea con ninguna corriente de oposición a Sánchez, lo que le hundiría en el partido. Sabe que sus posibilidades de gobernar la comunidad son nulas, pero le importa un pimiento, porque lleva desde los 26 años cobrando de la política y no le faltará un plan B hasta que se jubile. Es embajador para la Nueva Agenda Urbana ante la ONU, miembro del Consejo Mundial de la Unión de Ciudades y Gobiernos Locales, copresidente del Consejo Político sobre la nueva agenda urbana y miembro del comité político del Consejo de Municipios de Europa ¿Se imaginan qué estrés si además tuviera alguna responsabilidad?
La UPL presenta a Alicia la de Santa María del Páramo. Buena chica, pero voto perdido, sin ninguna opción de que sus escaños resulten decisivos en la Cámara y pueda materializar alguna reivindicación leonesista, Casi mejor, lo mismo le daba por colocarnos el «lleunés» en los libros de texto, que es lo que les faltaba a los pobres chavales.
Lo mejor, dentro del letargo, será ver cómo los Podemos, Sumamos, Verdes, Equos, IU y demás morralla ideológica de extrema izquierda vuelve a la marginalidad de la que nunca debió salir. Eso si no me equivoco, porque en materia electoral, debo advertir, acierto menos que Tezanos.