Hace más de diez años, dos exguardias civiles idearon la baliza v16 de la que tanto se habla ahora.
Su intención inicial era evitar las muertes por atropello que se producían, supuestamente con demasiada frecuencia, a la hora de señalizar las averías o incidencias en carretera.
Con este dispositivo no es necesario salir del vehículo, basta con colocarla sobre el coche solo sacando el brazo a través de la ventanilla.
Si de verdad cumple su objetivo, es más cómodo, simple y salva vidas, resulta una idea brillante. ¿Por qué desata la polémica y el rechazo entre los conductores?
Su obligatoriedad ha llegado el 1 de enero acompañada de una buena dosis de incertidumbre y una letra pequeña que vamos empezando a conocer.
Por un lado, se plantean unos cuantos interrogantes en cuanto a su efectividad real.
Ya hay varios testimonios de usuarios que afirman que la visibilidad en determinados tramos y condiciones meteorológicas resulta, a todas luces, insuficiente. Tanto es así que llegado el momento decidieron, para mayor seguridad, utilizar también los triángulos a los que se pretende sustituir.
Además, existen varios temas que causan desconfianza y temor.
Al activarla, la baliza envía una señal a la DGT informando de la ubicación exacta del vehículo averiado. Hasta ahí correcto.Sin embargo, se ha descubierto que se puede acceder con relativa facilidad a esos datos, lo que da pie a la actuación de grúas pirata, estafas y robos.
Otra advertencia que están lanzando algunos cardiólogos es sobre el riesgo de que el imán del dispositivo interfiera en el funcionamiento de los marcapasos.
Y no podemos olvidar el aspecto económico. Las más baratas tienen un precio de 30 euros. Pero no llevarla en el coche supone multa.
No hay otra opción. Los conductores tenemos que pagar de nuestro bolsillo algo que no es útil, no nos protege e incluso puede llegar a perjudicarnos. Alguien saldrá beneficiado a nuestra costa.
Para nosotros, una vez más, son lentejas, si las quieres las comes y si no, las dejas.