Marta Muñiz

Al son del indiano

04/07/2026
 Actualizado a 04/07/2026
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Los asturianos sabemos bastante de emigración. En nuestras familias no faltan casos de abuelos y bisabuelos que dieron el salto a ultramar por motivos políticos o económicos. En mi caso, por ejemplo, tres tíos se fueron a Cuba, México y Venezuela.

Algunos volvieron con una fortuna suficiente para poner una tiendina de alimentación o un hotel de cuatro estrellas en algún pueblo costero. Muchos construyeron su hermosa casona familiar con su palmera gigante a la entrada. Otros hundieron sus raíces en las Américas, allí formaron sus familias, acostumbrándose al chile, al café aromático y las sabrosuras del Caribe.

Estos días se debate acaloradamente sobre la llamada «ley de nietos», una estratagema más de Sánchez para perpetuarse en el poder y conservar su tiránico aforamiento, queramos o no los españoles. Feijoo apuesta por una ley que no incluya exclusivamente a exiliados políticos sino a todo tipo de emigrantes.

Con todo mi cariño hacia aquellos que partieron y sus descendientes, yo veo esta decisión inapropiada. Estas personas no han pisado nunca España, no conocen bien nuestro presente político ni quienes serían mejores gobernantes, no van a sufrir las consecuencias de su votación, no afectará a sus vidas.

Por otro lado, es muy difícil demostrar su procedencia, pues el único modo sería comprobando partidas de nacimiento que en gran parte fueron quemadas en la Guerra Civil española. A eso habría que sumar el deficiente funcionamiento de Correos en muchos países de Iberoamérica, los constantes robos de sacas y cartas, lo que supone un ataque frontal a las garantías necesarias que deben concurrir en el voto a distancia. Por último, el hecho de adscribirse arbitrariamente a una u otra circunscripción, pudiendo ser ellos quienes decidan finalmente el último escaño de cada partido, no me parece justo. Si mi bisabuela fuera guatemalteca, ¿con qué derecho podría yo decidir el futuro político de Guatemala? 

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