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Soltero y entero

10/08/2026
 Actualizado a 10/08/2026
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La primera vez que este cronista llegó a Cármenes y escuchó, en el bar de Sidoro, la parla de los nativos, dudó si había cruzado alguna cordillera sin darse cuenta y se hallaba fuera ya del territorio leonés. No se distinguía bien si los contertulios se alababan o se insultaban, si eran demasiado amigos, si disimulaban o eran sinceros. En fin, un verdadero carajal.

Pero hubo uno, muy joven aún, alto, decidido y al parecer culto, que le puso una mano sobre el hombro y le advirtió: No les hagas mucho caso; se hacen los alabanciosos para destacar. Y, en diciendo esto, me preguntó sin más ¿Te pido otro ‘lumumba’? (‘Wisky con Cocacola’). Y le dije que sí.

A partir de ahí fueron muchos años de compartir allí una madurez que, en el Mediterráneo se le presentaba hosca y atávica, y que allí, en el Alto Torío, en La Mediana, entre Pico Gallo y Bodón, resultó ser la estancia en el Paraíso Terrenal. Allí volvió el cronista a su primitivo ser que había adquirido en el curso medio del Astura, y que había ido dejando por el camino, en Madrid y en Barcelona, tratando simplemente de sobrevivir.

Pero le faltaba vivir. Y eso lo consiguió en aquella montaña, cargada de leyendas y cantares, y rodeado de gentes que se entregaban a la tarea de rescatar todo aquel legado y poner en pié de nuevo una forma de estar en el mundo. Y, entre los muchos que contribuyeron a ello, pronto destacó el periodista Fulgencio Fernández, que firmaba en La Crónica de entonces: Fulgencio Fernández, soltero y entero.

Enseguida recurrió el cronista al diccionario de la RAE y supo de las varios significados que aquel «entero» podía tener, dando por hecho que, a la vista del cachondeo general que estilaba allí, la verdadera traducción sería la de «virgen» por mucho que esta acepción tan solo fuera de uso común aplicada a los animales machos que aún no habían conocido hembra a la que enganchar. El burro de Angelillo, que se llamaba Jamaro como todos los anteriores, estaba entero aún. Y Fulgencio aún no había conocido a la que después fue su mujer y con la que tiene tres hijos que son una bendición.

El diccionario en cambio, en la entrada de «entereza» ofrecía una docena de posibilidades a elegir: Fortaleza. Firmeza. Aplomo. Serenidad. Fuerza. Valor. Energía. Genido. Determinación. Carácter. Hombría..., que se podían resumir en tres: Fortaleza de ánimo, integridad y disciplina.

Hoy es el día en el que los hechos le han dado la razón al diccionario, y aún se puede contemplar a un Fulgencio en su provecta edad, al que no queda más remedio que aceptar como una excepción entre los entes de razón: 

Solteros, no; enteros, sí.

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