Como diría el maestro Antonio G. de Lama, en aquellos años sesenta del pasado siglo, cuando la generación del cronista comenzaba su aullido: ¡Solastalgia! ¿De dónde habrán sacado ese «palabro»?
Pues parece que significa la nostalgia de regresar al pueblo y comprobar que tantas cosas han cambiado. Y, se deba ello, o no, al cambio climático y no al cambio que en general sufren las sociedades al correr de los tiempos, es inevitable que quien se crió en determinado ambiente, eche en falta, cuando vuelve al cabo de los años, muchas de aquellas cosas que vivió, especialmente aquellas que le fueran favorables.
No se tratá aquí de la diferencia entre añoranza, nostalgia y melancolía, tema muy del agrado de nuestro gran Luis Mateo Díez, sino de darle la importancia que tiene para alguien a quien el tiempo ya se le ha echado encima, el recordar, y sobre todo la forma de hacerlo. Porque, aunque la canción sentencia que «recordar es volver a vivir» no cabe duda que muchas veces recordar es morir de nuevo.
Pero no es de eso de lo que quieren hablar los poetas que, como Antonio Manillas, tratan de indagar en aquello que subyace debajo de aquel pasado vivido especialmente en un pueblo. Como en el poema titulado «Abuelos» de su último poemario titulado «Casa nostra» «Ella lava la ropa. El dibuja en el suelo / con el cayado un nombre. Alrededor / los nietos juegan. / -Julio y el espejismo / sus risas y festejos el otoño las barre-/ de un mundo joven y distinto al suyo»
Pero hay otra forma de solastalgia, propia de la vejez del poeta, que es dudar de todo aquello. «Allá donde yo vivía / para ver el mar / había que escalar una montaña / y buscar entre los robles un lugar pequeño. / Una tarde subió / y las lágrimas brotaron de sus ojos / y no supo si era el mar lo que veía / o era un sueño» Así reza el poema del poeta anciano. Así era, entonces, todo aquello. Los «palabros» que vinieron después no hicieron otra cosa que sembrar la confusión en su cerebro.
Luis Mateo admite la nostalgia, pero repudia la melancolía. Sostiene que esta mata. Que termina matando a quien la cuida. Por eso la solastalgia. Que el recuerdo no nos llegue a impedir el compromiso. Que cuando regresemos al ayer nos mostremos aun dispuestos a cambiarlo todo para mejor.
Por mucho que nos pesen algunos comportamientos inadmisibles de nuestros vecinos y familiares, ensimismados en todo aquello.
«Allí donde yo vivía / no se si se veía el mar / o eran los sueños».