Javier Cuesta

Sobradamente preparadas

19/12/2025
 Actualizado a 19/12/2025
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Desde hace algún tiempo sufrimos una especie de invasión, esta vez felizmente. Invasión literaria: mujeres, jóvenes, hispanoamericanas, que escriben como los ángeles. Una generación, si puede catalogarse así, de sobre todo novelistas (aunque se cuele a lo grande alguna más bien cronista, como Guerriero) quizá deudoras de aquel fenómeno denominado boom, pero sin complejos. Hay también hombres en ese pelotón, desde maestros anteriores como Piglia, Bolaño o Caparrós, hasta los Fanciolince, Zambra, Mairal, Vasquez, Halfon… Pero la admiración hoy es para ellas porque son muchas, son jóvenes y son brillantes. Y la sorpresa es precisamente que son mujeres las que han asaltado los cielos literarios (y confiemos en que no llegue a erradicarlas u orillarlas en la cocina por su condición, género u origen ese partido político que sigue sin aprobar la asignatura del respeto). Argentinas, peruanas, mexicanas, ecuatorianas, colombianas… las chicas al poder.

De mis preferencias: Mariana Enriquez, Fernanda Melchor, Selva Almada, Brenda Navarro, Rivera Garza, Sosa Villada, Wiener, Schweblin, Ojeda, Luiselli… y otras tantas igual de notables a las que olvido o no he descubierto aún. Algunas, tal vez las dos o tres primeras, posibles candidatas al Nobel. Y ¿por qué son un feliz hallazgo? Porque después de muchas lecturas y tantos años (cuando a uno le dicen que es todavía-joven, le están diciendo que es ya-casi-viejo) un nuevo libro y un nuevo autor sólo pueden sorprender o por lo que cuentan o por cómo lo cuentan. Aquí, en estas narradoras actuales, coinciden ambas premisas. 

Lo que cuentan. ¿Qué ha ocurrido en esos países y qué pasa por la cabecita de esas escritoras para que nos impacten con sus relatos duros, brutales, sórdidos? Violencia, droga, prostitución, narcos, abusos, proxenetismo, miseria, atracos, homicidios, corrupción. El lado oscuro del ser humano, horror extremo, lectura dolorosa. Pero igual gozosa, novelas sugerentes y conmovedoras. Algunas también tratan tensiones de género, de identidad, literatura queer, temas de actualidad, todo eso abordan sin miedo en sus espléndidos libros.

Cómo lo cuentan. Son voces nuevas, relatos de ritmo magistral y lenguaje potente; a veces (de a ratos, dirían ellas) también poético: palabras como relindo, bombacha, pendejo, boludo, chamaca, necear, malviviente, chismear, tundir, entumido, nomás… Y mantienen expresiones `más lindas´ que las nuestras: ¿no es mejor fresquera que frigorífico?, o basural por vertedero, lastimadura en lugar de herida, fierro por pistola, antojada por caprichosa, dar bronca por enfadar, zamarrear por golpear, limosnear por pedir, quebrar por matar, encuerada en vez de desnuda, cobija por manta…

Llegan las navidades con su entrañable sabor a CCC, compras, cenas, cuñados; con su exageración y alegría impostada, esa sí que es una ficción difícil de superar. Pero en estas fechas, a menudo se suele (y se debe) regalar un libro; sugerencia gratis: olviden Planetas despreciables, apuesten por estos valores seguros. Y a felices lecturas, Felices Fiestas.

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