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De sirenas y juntas de los ríos

11/03/2026
 Actualizado a 11/03/2026
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Estos días soleados de atrás, en una mañana apacible, visitaba con mi hijo algunos pueblos del Condado. Quise enseñarle la iglesia de Ambasaguas, en alto y desde la que se divisa un amplio panorama del valle, así como de la desembocadura del Curueño en el Porma.

Además, en el flanco sur de tal iglesia parroquial, hay un arco ciego, sostenido por sendos sillares en los que se representan dos sirenas en bajorrelieve, como si se hubieran escapado de las propias aguas de los ríos, para ponerse a contemplar el panorama. Pero es que, sobre cada uno de tales pilares, en el arranque del arco de medio punto, hay sendas representaciones cósmicas: la del sol, a la izquierda y, a la derecha, la de la luna; ambas en bajorrelieve también.

Pero es que, en la clave, la dovela de cierre del arco, se halla representada una cruz, con sus tres extremos –el superior y los laterales– flordelisados. Esto es, el mundo fantástico (de las sirenas) y el mundo cósmico (el sol y la luna) se hallan bajo el orbe religioso de la cruz. Y ello no es baladí, como ejemplificación, en el fondo, para las gentes campesinas.

Si nos trasladamos de este valle al del Esla, en la portada de la iglesia de Vega de Monasterio, de estilo gótico del siglo XV, nos hallamos de nuevo, muy próxima el río Esla, con la representación de hermosas sirenas peinándose los cabellos, en unas muy conseguidas representaciones.

Tales sirenas, con el nombre de ‘janas’ o ‘xanas’ –derivados ambos términos de la diosa latina de las fuentes, los manantiales, los cursos fluviales y los bosques, Diana–, forman parte del imaginario tradicional leonés.

Se trata de seres encantados y sujetos, por ello, a una acción humana capaz de desencantarlos y de librarlos de la sujeción a que se hallan sometidos, que habitan en las fuentes, en los ríos o también –según el caso y según la leyenda– en alguna cueva, pero no muy alejada de algún curso fluvial.

Y son seres, como acabamos de ver a través de dos ejemplos, que se hallan también plasmados en el arte; en este caso, a través de sendos bajorrelieves presentes en iglesias parroquiales, a las que han acudido las gentes campesinas a lo largo de siglos, que veían, de ese modo, los iconos plásticos de esas figuras tan presentes en sus relatos legendarios. Sirenas encantadoras de hombres, seres amorosos que hechizaban y dejaban prendidos hacia sus figuras, por medio del encantamiento amoroso, a hombres y mozos que iban a las fuentes o que regaban sus prados, sembrados y linares con las aguas de los ríos.

Pero vayamos a la toponimia, a los nombres de los pueblos que se hallan junto a desembocaduras de los ríos. En la provincia de León, suelen llevar los nombres de Ambasaguas, como ocurre en el caso indicado de la desembocadura del Curueño en el Porma. O también como el de Ambasmestas, como ocurre por tierras bercianas, más allá de Villafranca del Bierzo y no muy lejos de Vega de Valcarce.

De sirenas y cauces fluviales, y juntas de ríos. La mañana soleada, de finales del invierno, anunciaba ya la primavera.

Y, ya que hablamos de los encantos amorosos, nos acercamos a Devesa de Curueño, donde es bien conocido un cantar de amores, bien conocido en los pueblos del  Condado: «Rosario, la de Devesa, / la que llaman la morena, / de las mejores chavalas/ que por Barrio se pasean. // La pretende un ‘letrecista’ / de la fábrica el Sorribo»…

De sirenas y juntas de los ríos. El amor, al fin y al cabo, cuando se logra, no es más que otra confluencia de dos corrientes humanas.

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