Ahora que ya queda atrás el estruendo de las balas y bombas de la banda terrorista ETA, que dañaron la carne y el alma de miles de personas durante décadas en nuestro país, nos queda la batalla del relato. Aunque pueda parecer que es algo anecdótico, créanme, no lo es, y por dos motivos. El primero de ellos es porque una democracia no puede permitir una revictimización de las víctimas provocada porque quienes construyan el relato de lo sucedido sean los asesinos. Y, en segundo lugar, porque, si dejamos que la verdad sea, no habremos aprendido nada como sociedad y es probable que la historia se repita y en el futuro algunos vean que la mejor manera para conseguir unos fines políticos o ideológicos es a través de la violencia.
Por esta razón, la Asociación de Víctimas del Terrorismo de Castilla y León y el Colegio Profesional de Periodistas han organizado esta semana las jornadas ‘El relato del terrorismo: memoria y manipulación’, que he tenido el honor de dirigir y durante las que moderé una mesa redonda en la que el director de cine documental Iñaki Arteta, la productora de la película ‘La infiltrada’, María Luisa Gutiérrez, y el periodista y escritor Fernando Rueda hablaron sobre cómo, desde sus disciplinas artísticas, se puede contribuir para bien o para mal en la construcción del relato sobre el terrorismo.
Compartir mesa con estos tres profesionales fue un lujo y les aseguro que no lo olvidaré, tanto por la experiencia que llevan ya en su mochila vital como por lo que contaron durante dicha mesa redonda, que tuvo la suerte de escuchar un nutrido grupo de alumnos de Derecho y de Periodismo. Iñaki Arteta, María Luisa Gutiérrez y Fernando Rueda son un inmejorable ejemplo de cómo cada uno, desde su atalaya personal y profesional, puede, a día de hoy, honrar a los que les arrebataron la vida y abrazar y proteger a las víctimas que están entre nosotros y que, a día de hoy, siguen sufriendo cuando ven cómo los asesinos y sus secuaces quieren pervertir el relato de lo que ocurrió. Sus trabajos en el mundo documental, en el cine de ficción y en la literatura contribuyen de manera vital a que el relato no sea secuestrado y nos deben servir de guía para que cada uno de nosotros, desde nuestra profesión o ámbito personal, nos convirtamos en guardianes de la verdad y, así, las nuevas generaciones puedan conocer lo que pasó realmente y que algunos no quieren que se sepa.
Sirva esta columna como homenaje a todas las víctimas del terrorismo, pero también como reconocimiento a todas las personas que ayudan a construir memoria desde el respeto a la verdad.