Nos encaminamos al fin del mundo y usted ahí pasivo. Destrucción, tonos grises, ceniza, árboles ennegrecidos por el paso de los fuegos valyrios y fascistas, el cielo ya no sería azul sino fascista, la muerte sería la nueva dueña de todo un planeta, fascista claro, los humanos que queden serían la única esperanza frente a los caminantes y ogros fascistas que finalmente traspasaron el muro. Nos encaminamos a unas elecciones y ahí está todo, bien metido en un cóctel de trinchera, mezclando los sabores afrutados con la putrefacción de las palabras de quien en ausencia de gestión, vomita odio, aprovechándose de la degradación general, para acusar de odio a todo lo que esté un milímetro fuera del control, o de su sueldo. Odio bueno, odio malo. Puente bueno, receptor malo.
Desde la prensa crítica, o que investiga, a los que se salieron; desde la jueza de Badajoz a la de Ceuta, pasando por el Tribunal Supremo; desde el que le tiró el palo en Paiporta hasta Madina; desde los agricultores a los autónomos. No hay tiesto que pueda recoger a tanto complot pero todos han seguido ese grito de Aznar, líder espiritual, moral, o de lo que sea, ya ve. No hay tiesto para tanto fascista pero ahí están todos, apiñados, hacinados, no cabe un alma más, ceutíes incluidos.
Diana Morant, que suelta el argumentario pasado por Moncloa como vadeando un matamoscas, fue la reacción más perspicua de lo que es el sanchismo, en este caso al enjuiciamiento de Begoña. Constantes clave: filtraciones, «quien pueda hacer que haga», pseudomedios, juicio político, Zapatero presidente de los derechos, inocentes condenados e investigados. Perspicua digo, porque la coyuntura es tal que se sienten más cómodos en la corrupción, pero también por su tono aburrido y lánguido, la vaguedad de la defensa política: no hay hechos, hay consignas, no hay ideología, hay dogma. O sigue usted a Sánchez, o sigue al fin del mundo, es decir a la catástrofe, es decir a los homicidas, es decir a los fascistas, es decir a la alternancia, es decir al de enfrente. O hacen algo, nietazos, davidianos y demás, o todo será ceniza.
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