Así, permítanme que hoy lleve mi escritura por otro derrotero, hermoso y placentero, como, sin duda, será ‘Por si acaso la luz…’, nuevo poemario de Octavio Fernández Zotes, que se presenta mañana, jueves catorce, a las veinte horas en la Biblioteca Pública de León –sí, la de la calle Santa Nonia–.
Sentenciar la previa obra de Octavio, sería estupidez supina y soberbia por mi parte. Algo así como –por afectivo, metafórico y respetuoso que fuese– un querer pasar el carro por delante del buey. Ni como aprendiz que loar quisiera al maestro me atrevería a cargar de epítetos su obra. La poesía de Octavio hay que leerla y sentirla, sin previa crítica o diagnóstico, a corazón abierto. Por eso, sólo diré lo mejor que de ella habita en el mío de escuchador y lector: que es Octavio un singular caso –sólo sentido con algunos grandes maestros– en que emocionan persona y obra. Percibo de Octavio, además de la bonhomía que evidencia, la sabia mesura de un recio y fuerte carácter lograda a base de destilar su inmensa vendimia de sensibilidad en las selectas gotas de elixir de su poética vital que, como versos gragea y poemas bálsamo, alivian el vivir «sumido en los escombros» de este lego en tantas cosas. Acaso de su especialidad pediátrica venga, en parte, ese profundo saber de lo humano desde lo más antiguo de cada uno de nosotros.
Dice Octavio que escribe «desde la rabia/ desde la envidia/ desde la angustia». Quién pudiera, como él, escribir una obra que es toda ella un «himno a la vida». No, no habrá «por si acaso la», será sin duda curativa «luz» de vida.
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