Decíamos ayer… (¿Fray Luis de León dixit?). Verdad o no, al clérigo se le atribuye la famosa frase, cuando volvió a sus clases en la Universidad de Salamanca en 1576, después de pasar cinco largos años preso por culpa de la brutal Inquisición. Y ayer –en este caso fue hace ocho días y justo en este mismo rincón del periódico–, se afirmó que la Unión del Pueblo Leonés no terminaba de despertar de un letargo pernicioso para su salud; para su bienestar de aquí a dentro de un año, que será el momento de poner las cartas boca arriba junto a las urnas. Porque ahí es donde se demuestra la fuerza de una organización política: por el número de adhesiones que consigue reunir. Y a la fecha, lo acepten o no, la cosa no pinta muy bien por mucho que se empeñen en vestir el escaparate con telas de seda italiana.
Un refrán de los clásicos en España señala que ‘no hay peor ciego, que el que no quiere ver’. Y eso mismo le debe ocurrir a la UPL en su pacto con el PSOE en la Diputación, que muy poca leche les está dando para cuanto pretendían reivindicar. ¿Y no se enteran? O no quieren enterarse, que es cuestión diferente. Quizá piensen que van cabalgado en brioso corcel por tierras leonesas, cuando lo van haciendo por pedregales y vericuetos, por no decir andurriales.
El último contratiempo que les ha abierto las carnes, ha sido el futuro del aeropuerto de León y su pretendida expansión mediante una terminal de mercancías, tan necesaria para la supervivencia de las instalaciones aéreas de La Virgen del Camino, como, también y en general, de la provincia, debido al empuje que ello supondría para la economía leonesa. Pero están contentos y hasta quizá felices porque la representante de Aena se vino a León a tomar un café, hacer un pis (esto se supone) y vuelta para Madrid bien oxigenadita. Eso fue todo. No hubo más. ¿Y ahora, qué? ¿Seguimos por el mismo camino, dando aire a los socialistas, a la espera de acontecimientos? Pues parece que sí. Continuamos con los carguitos y vengan días y caigan ollas, pensarán. Pues allá ellos.
Que el pacto PSOE-UPL en el Palacio de los Guzmanes apuntaba sin remilgos a una tomadura de pelo, se intuyó desde el principio. Los leonesistas se creyeron a pies juntillas que los burros volaban y, prestos, estamparon la firma. Eso, al principio, tenía un pase, un muletazo con las debidas precauciones, porque el ‘mando en plaza’ lo tenía el Partido Socialista con el ‘amo’ Sánchez a la cabeza. La consiguiente proximidad a La Moncloa del secretario provincial del partido y diputado nacional, Javier Alfonso Cendón, ayudaba. Era lo que se presumía. Ahora bien, según fue pasando el tiempo, todo el gozo en un pozo. Ya se sabe que los del puño y la rosa cambian de opinión como de camisa.
A raíz de todo esto, la más encabronada –huelga decir enfadada– es la propia militancia leonesista. Esa que siempre está dispuesta a dar un paso más, y, luego, se encuentra con un panorama difícil de digerir. En resumen, o la UPL despierta y se pone a trabajar, previo puñetazo sobre la mesa, o ya no le valdrá ni el sálvese quien pueda.