Hubo un tiempo no muy lejano en que los españoles, si querían ver una película con contenido político, religioso o erótico, y podían permitírselo, no cruzaban la plaza o la calle para verla. Cruzaban la frontera porque la censura del régimen franquista prohibía cualquier cosa con esos contenidos. Los que conocían Perpiñán, cruzaban fugaces miradas cómplices, recordando la película que habían visto. ‘El último tango en París’ o ‘Con faldas y a lo loco’ son solo un ejemplo de cómo el cine colaboró con las arcas de Renfe. Y ya de estar al otro lado de la frontera, se compraban libros vetados en España.
La obra ‘Federico. No hay olvido, ni sueño: carne viva’, debió representarse ayer en el Centro Cultural Miguel Delibes, de Valladolid, pero fue cancelada por unas supuestas obras que se están realizando y que, curiosamente, no han provocado la supresión de ningún otro espectáculo programado. Los problemas que están dando las obras en edificios públicos, últimamente... ‘Federico’ está ambientada en el contexto en que fue asesinado el poeta Federico García Lorca y muestra trabajos de exhumación de las fosas del Barranco de Víznar, entre otros. La compañía de teatro Proyecto 43-2 denuncia a la Consejería de Cultura de Castilla y León por la cancelación de esta obra, por motivos ideológicos, que la excusa de las supuestas obras, no están funcionando en ningún sitio. Por si alguien dudaba los motivos, la Consejería de Cultura de esta comunidad tan nuestra, ha cambiado las bases de las ayudas al cine y anuncia, sin despeinarse siquiera, que no se concederán ayudas a producciones que contengan lo que ellos llaman «propaganda partidista». Algo que el Ministerio de Cultura ha impugnado y ha vetado las ayudas al cine en nuestro terruño mientras unos señoros actúen como censores, sin autoridad para serlo, que ya no son épocas. Además, teniendo en cuenta el precio del peaje del Huerna, los leoneses que aún no hemos visto ‘La bola negra’, tendríamos que hacer cábalas para decidir tirar hacia Perpiñán o hacia Asturias. Y si no nos salen las cuentas, siempre nos quedará Pajares.
Este asunto no sería tan preocupante si fuera un caso aislado, pero por desgracia, no lo es. Llevamos años aceptando un goteo de disparates que pretenden hacernos cruzar los Pirineos de nuevo, para ver una película o comprar un libro prohibido. Ya corría el año 2023 del siglo XXI d.C. cuando un concejal de Cultura de Vox, se autoproclamó censor del mundo y, desde entonces, recorre tierras levantinas desfaciendo entuertos, cancelando revistas infantiles que, según él, promueven el separatismo; retirando libros de educación sexual, que él considera pornográficos y escandalosos. Tal es su pureza de espíritu que ordenó la retirada de dos libros, de la sección infantil de la Biblioteca, porque le escandalizaron sus títulos: ‘Las niñas que tenían dos papás’ y ‘Kike y las Barbies’. Por favor, que alguien diga a estos Quijotes, que espoleen a sus Rocinantes y den la vuelta, que nosotros ya vinimos hace siglos. Y cuando nos alcancen, que se laven bien los ojos, que según Duchamp «Quien mira es quien hace el cuadro». Que se revisen la vista los que ven en la cultura y la educación un peligro. Y que no mientan los que lo llaman peligro cuando quieren decir censura. Cómo irrita, a estas alturas de nuestra vida, ver censurar libros porque les ofende el título, o cancelar una obra de teatro porque no les gusta que se hable de poetas muertos, ni de cunetas.
Ya que mencioné Asturias y ando con la libertad de expresión entre manos, esta semana hubo algo allí que te reconcilia con la vida. Vimos a la diosa Patti Smith, horas antes de recoger el Premio Princesa de las Artes, en la Fábrica de Armas de la Vega, con 3000 voces coreando su ‘People Have The Power’, ese tema que ya es de todos. Y la vimos recoger el premio, emocionada y emocionando, cantando a capela, con una intervención solo superable por sí misma, en la entrega de los Premios Nobel 2016, cuando Bob Dylan recibió el de Literatura, por la letra de seis de sus canciones. En aquella ocasión, Patti Smith interpretó, peleándose con las lágrimas, una canción del propio Dylan. Acabó ganando la emoción y tuvo que parar a la mitad de la actuación. Después, se disculpó con esa naturalidad con que ella existe y continuó cantando.
Menos mal que los Premios Princesa de Asturias se entregan al otro lado del Pajares, porque a este lado, y teniendo en cuenta que hasta los títulos son censurables, ya se cuestiona si podríamos tararear con ella su más icónica canción, con un título tan rotundo como ‘La gente tiene el poder’. Y si recordamos lo ocurrido con la obra del poeta ‘Federico’, que ayer debió representarse, también dudo si la permitirían cantar aquellos versos de Dylan, después de disculparse, cuando la emoción pidió un respiro: «Oí cien tamborileros cuyas manos ardían, oí diez mil susurros y nadie escuchando, oí a una persona morir de hambre, oí a mucha gente reír, oí la canción de un poeta que moría en la cuneta».
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