Si Vestas se queda, o lo que quede de Vestas cuando compren la empresa, cumplan con los pedidos y tranquilicen a los trabajadores. Quedaría entonces lo mejor de Vestas, que es el empleo de las dos mil familias que dependen directa o indirectamente de la planta de Villadangos y se perdería tan solo el nombre de la ingrata compañía danesa. Porque hay un inversor extranjero interesado en mantener la actividad y es una lucecita verde, pequeña, lejana y muy pequeña. Aun falta convencer a la multinacional que hasta ahora ha destacado por ser más bien terca.
Y si se queda será por el empeño de los trabajadores, los sindicatos y la Junta de Castilla y León. Gobernar es cuestión de prioridades, lo ha descubierto Pedro Sánchez desde que habita La Moncloa desautorizando ministros y mojando promesas. Cuestión de prioridades que en este conflicto tampoco son las mismas en Madrid y en el Colegio de la Asunción. Madrid que es todas las Españas y a la vez ninguna. Madrid que está lejos de todas partes incluso cuando la Ministra de Industria es de Valladolid y desde las ventanas del ministerio es mejor que Vestas abandone una de sus tres plantas españolas que eche el candado a todas. Pero en Castilla y León solo tenemos una y la huida, subvenciones en el frío bolsillo nórdico, a nosotros nos deja huérfanos. Por eso, que se quedé aquí y que se quede en España, son frases de distinto significado según la altura del horizonte.
Esta contienda industrial es un ejemplo de los beneficios del cuestionado autonomismo útil tras la era del despilfarro regional descontrolado. La proximidad de la política cambia la sensibilidad de la piel y la Junta no puede permitirse perder lo que supone Vestas para León y para la comunidad en pleno curso multielectoral . «Un ejército victorioso gana primero y entabla batalla después» aconsejaba Sun Tzu en su ‘Arte de la guerra’ que tantos políticos tienen en la mesilla de noche ahora que la política consiste sobre todo en sobrevivir. La Consejera de Economía tiene un inversor y luchará para vencer la obcecación de los daneses. Golpe de la mesa de Pilar del Olmo para reinvidicarse como gestora eficiente tras la ocurrencia de la ‘tasa de los probadores’ y quizá para terminar de convencer a los suyos que sería un acierto nombarle candidata al Ayuntamiento de Valladolid.
Si Vestas se queda, o lo que quede de Vestas, es de todos modos descorazonador. Meses de peleas en Villadangos, en Madrid y hasta en Bruselas. No para crear nuevas oportunidades sino solo para que un puñado de ellas no desaparezcan. No para crear empleo sino para evitar que se destruya. Resignados por no ser atractivos, asolados por los noes en la verbena de la deslocalización salvaje, nos conformamos con bailar… aunque sea con la más fea, que está avanzada la noche. Cuestión de prioridades.
Si Vestas se queda
07/10/2018
Actualizado a
18/09/2019
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