Las fiestas de invierno en todo el ámbito campesino son recogidas y antiguas. Carecen de la solemnidad y del boato de las patronales del verano y del buen tiempo, pero hunden sus raíces en ámbitos más antiguos y ancestrales.
Curiosamente, muchos de los santos que están en la raíz del cristianismo tienen las fechas de su festividad en enero y febrero.
Las fiestas de febrero son deliciosas. Santa Brígida, el uno de febrero, porque, según una leyenda medieval, esta santa ayudó a la Virgen en el parto del Niño y por eso la quiso distinguir con celebrar su fiesta un día antes de las Candelas, de su presentación en el templo; una fiesta, por otra parte, que está relacionada con ritos preventivos contra las futuras tormentas que puedan malograr el cereal. Un dicho sincrético leonés, conocido en algunas localidades, es bien expresivo: «Santa Brígida y San Tormentero, / el primero de febrero».
Pero la de las Candelas es una fiesta hermosa y muy simbólica. El tres, viene San Blas; y Santa Águeda, el cinco.
La de San Blas tiene una especial celebración en Gradefes, con su misa en el convento, a la que acuden los devotos de la misma localidad y de los pueblos de la contorna. Tras de la cual, se venera y se besa la reliquia de San Blas, protegida en una hermosa obra de orfebrería antigua de plata, tan querida por Concha Casado.
Y sigue habiendo un rito campesino, una suerte de feria de ganado, que parece de ahora, pero no es así, pues ya está documentado, a mediados del siglo XIX, en el impagable Diccionario de Pascual Madoz.
Preferimos utilizar sus palabras, para que se advierta cómo estamos ante una supervivencia que, mal que mal, algunos vecinos están empeñados, con gran mérito por su parte, de mantener. Dice Pascual Madoz: «El día de San Blas hay una especie de romería en el convento enunciado de Santa María de Gradefes, a que concurren los vecinos de los pueblos inmediatos, se ven algunas tiendas de poca importancia, y no dura más que un día y la mañana del otro».
A las romerías, como esta de San Blas, se iba desde los pueblos de la contorna y se adquirían ‘perdones’ (avellanas y otros frutos por el estilo), para llevarlos a casa a los familiares. Cuando los hombres iban camino de su pueblo, al pasar por otro intermedio, salían los muchachos de este, les cerraban el paso y les pedían de modo imperioso:
–¡Los perdones!
Y los hombres les respondían con guasa:
–¡Pues daros la vuelta a los colombrones!
Tradiciones perdidas… Como también las de los bailes de la pandereta, que también tenía lugar en la fiesta de San Blas en Gradefes, con un cantar y una tonada alusiva a la fiesta y que, en su día, editamos en nuestro libro sobre las tradiciones orales en la comarca de Rueda. Decían el cantar y la tonada: «Si vas a San Blas,/ tráeme un san blasín/ que no sea muy grande/ ni muy pequeñín./ Ya no vas,/ ya no vas, ya no vas,/ ya no vas/ conmigo a San Blas».
La comarca de Rueda, acomodada junto a ambas márgenes del Esla, pese a no ser de las leonesas más nombradas, cuenta con una cultura tradicional muy hermosa, pese a que ya exista, más que en la realidad, en la memoria.