Uno de los juicios de Juez de Paz, concretamente del Tío Quinto, más recordados y alabados fue el del caso ‘la niña embarazada posiblemente del señorito’, que no era una cosa extraña para aquellos tiempos en los que de repente una rapaza echaba una barriga muy sospechosa y la paz social se alteraba buscando a un sospechoso.
Concurrieron ante Quinto los implicados, los padres y los hombres buenos, a los que sorprendió la rapidez con la que Quinto sentenció: «El padre es el señorito». Pero claro el señorito es el señorito y no se conformó y acudió a La Vecilla, que no es cosa menor, con Juez, cárcel y torreón. Escuchó a los mismos, incluido Quinto, y sentenció: «No queda demostrado que sea del señorito, por lo que lo absuelvo».
Cuando ya se habían ido todos el Juez preguntó al Juez de Paz: «¿Y usted en qué se basó para condenar?».
– ¿En La Vecilla la puta casualidad sirve?; preguntó Quinto.
– No señor, ni mucho menos.
– Pues será inocente.
– ¿Y eso de la casualidad?; insiste el Juez mayor.
– Es que da la puta casualidad que una mañana fui a cebar a las vacas y allí, entre la hierba, el señorito estaba haciendo a la rapaza lo que usted puede imaginar y camino de los nueve meses le fue creciendo esta barriga que ahora luce y que usted dice que debe ser de la paloma aquella que dejaba embarazadas a las señoras pero no había que preguntar.
Y así quedó la cosa. La casualidad no valía.
Viene la cosa a cuento de que ahora hay unos juicios en Madrid y unos dicen que unos papeles en los que aparecen unos señores es mera casualidad, a una señora le apareció casualmente un coche de lujo en el garaje, una señorita vivía en un piso de tres mil euros al mes y ni se preocupaba de quien lo pagaba, que daba la casualidad que era un ministro, otro que no paga impuestos vino a los toros y por casualidad llegó en un avión que venía de Suiza, que da la casualidad que allí les dejas un dinero que no quieres que se sepa que lo tienes y ellos no se lo dicen a Hacienda ni por casualidad. Y hasta un cura entra en casa de un señor que está casado en Astorga y en vez de ir a confesarle da la casualidad que iba a robar... como te cuento.
El tío Quinto se iba a volver loco a analizar las casualidades. Pero ya os digo una cosa. Maliciamos los que vemos el Parte de antes del tiempo en el bar que van a sentenciar que la puta casualidad no vale, que en Madrid son más partidarios de La Vecilla que del tío Quinto.
Y el niño nunca es del señorito.