Si no es Gaudí, es Urraca

21/02/2026
 Actualizado a 21/02/2026
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Y si no es Urraca, es Gaudí. Los dos compiten por ser el más ilustre muerto más pesado sin mover un solo dedo. Desde la tumba no serán conscientes de cómo cada día afloran expertos y estudiosos de su figura al tiempo que eventos y actos solemnes que les rinden pleitesía, a merced de esta manía tan humana de celebrar los homenajes una vez fenecidos.

Hasta se le atribuye indirectamente a la monarca la cualidad de feminista, que, vista desde sus tiempos, no tendría mucho sentido: si aquella reina soberana ejerció su pleno derecho a gobernar, lo haría probablemente por ella misma y no por la igualdad entre el hombre y la mujer. Y al arquitecto se le considera precursor de un tipo de mosaico hecho de cerámica rota oportunamente organizada, pero quién sabe si no sería un patoso chapuzas que antaño dejara caer algún utensilio del hogar que más tarde tratara de arreglar, lo que le permitiera llamarse desde entonces artesano y, a su improvisada obra, trencadís.

Quizá el problema sea mío y lo esté entendiendo todo del revés, pero tengo menos ganas que nunca de sumergirme en la no tan vasta biografía de Urraca I. Y de Gaudí no me interesan ya ni las aproximaciones en Capadocia que escribió Goytoloso y que un día, más encandilada que saturada, me encomendé a leer.

Las mismas ganas tengo de acudir a la llamada de las ‘food trucks’ cuando llegue la estación de festivales de hamburguesas que se contraprograman en León. Y de leer la declaración de intenciones –más que de hechos– de unos candidatos a las autonómicas que sólo se acuerdan de esta zona cuando asoman elecciones. Y de escuchar, una vez más, a Sara García, que está hasta en la sopa que mi abuela me prepara casi cada día, siendo ese placer gustativo cortesía de mi mayor lo único que en este momento no me aburre repetir. 

Es lo que sucede con las repeticiones; que aburren. O lo que es lo mismo, pero condensando estos párrafos en la sabiduría aforística del refranero español: lo poco gusta y lo mucho cansa. Lo poco agrada y lo mucho enfada. Y, en esta tierra que yace adormecida entre promesas vacías, reclamos y bonhomías que se repiten en forma de concatenación, estoy empezando a darme cuenta de que el que no está cansado, está enfadado. Que a veces, incluso, las dos.

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