Jorge Brugos

Si Laporta fuese castellano y Mañueco catalán

09/02/2026
 Actualizado a 09/02/2026
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Imagínense por un momento que Joan Laporta se presenta a las elecciones en Castilla y León y que Alfonso Fernández Mañueco se anima a presidir el FC Barcelona. El primero nunca jugó al fútbol; el segundo hizo sus pinitos como portero. Si Laporta se presentase a los próximos comicios del 15 de marzo, seguramente lideraría una facción de la UPL, desligando el autonomismo y dándole un chute al ideario con ramalazos secesionistas; ya me lo estoy imaginando diciendo en bable que «España nos roba» (España rómponos). En cambio —siguiendo con esta paranoia sacada del Mundo del Revés—, si Mañueco se postulara como máximo dirigente del conjunto blaugrana, a lo mejor no se posicionaría tanto con el independentismo e incluso establecería un hermanamiento con el Salamanca; el color de la segunda equipación del Barça sería gris, en honor a su personalidad. ​Las elecciones a la Junta de Castilla y León y las votaciones a la presidencia del FC Barcelona se han entrelazado en el destino de los sorteos democráticos, acaparando más expectación que los bombos de la Champions League. Aparte de la casualidad espacio-temporal, lo más llamativo reside en las diferencias de los mecanismos democráticos de uno y otro proceso. Mientras que en el FC Barcelona Laporta ha tenido que dimitir junto con toda su directiva para poder concurrir a la reelección, como marcan los estatutos de la entidad catalana, Fernández Mañueco sigue siendo presidente a pesar de que en poco más de un mes se han convocado las urnas.

​Resulta curioso que haya más higiene política —en lo que a la logística electoral se refiere— en las elecciones para la presidencia de un equipo de fútbol que para la de una comunidad autónoma. Como consecuencia, nos encontramos a un presidente de la Junta jugando con ventaja con respecto a sus competidores, protegido por el palio del poder y por la bendición cuasi absolutista de un mando heredado de una legislatura ya caduca. ​No estaría de más copiar los estatutos del Barça (y eso que un servidor es del Madrid y de la Cultu) en nuestras instituciones democráticas.
 

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