Recién finalizado el veraneo y comenzado el curso escolar, el cielo se cubrió, las noches refrescaron y llovió. Y por si el comportamiento meteorológico había sido poco previsible, en Asturias llovió bastante más que aquí. Este ejemplo de disciplina meteorológica, de puntualidad de las nubes en su cita con el calendario, no impidió que una locutora a la que escuchaba ayer mientras conducía por el puerto de Pajares de regreso a casa, atribuyera las intensas precipitaciones de los dos últimos días al cambio climático.
Nunca deja uno de sorprenderse ante los afanes de la prensa por convertir en noticia los sucesos más irrelevantes y convencionales, fenómeno este que alcanza su apogeo durante el periodo estival. En el que acaba de terminar, las serpientes de verano tenían la esperanza de poder descansar al calor de las piedras calentadas por el sol de agosto, como gustan de hacer los reptiles, porque alguien les había dicho que un enorme culebrón llamado Investiduras las iba a relevar por una vez de trabajar en agosto. Pero el culebrón resultó ser un bodrio tan infumable que las pobres serpientes tuvieron que reptar una vez más hasta las redacciones y ocupar sus puestos habituales en las páginas de los diarios.
Una de las más llamativas fue la relativa al Pokemon Go, que hizo correr ríos de tinta en todas las rotativas. La noticia se limita a que un juego instalable en el móvil se había puesto de moda entre la muchachada, lo que, a la vista de lo que se publicó, iba a provocar el colapso definitivo de la humanidad. Se esperaban todo tipo de accidentes, la idiotización total de la juventud y el final de toda posibilidad de que alguien en el futuro pagase nuestras pensiones. En Cinco Días, el diario económico de Prisa, esa magnífica editorial especializada en ciencia ficción, llegó a publicarse que las compañías aseguradoras estudiaban incrementar las primas de los seguros ante el quebranto que les venía encima por culpa del juego de moda.
Pero pasó el verano, y durante su transcurso los chavales se bañaron en playas, ríos y piscinas, montaron en bicicleta, se fueron de acampada, se emborracharon en las fiestas de los pueblos y descubrieron el amor, como ha sucedido toda la vida de Dios desde antes incluso de que Celia Villalobos fuera la joven promesa rebelde de la derecha española.
Y algunos, supongo, se picaron con el Pokemon Go. Si su hijo es uno de ellos no se alarme, ahora sabemos que una adicta al Candy Crush puede llegar a vicepresidenta primera del Congreso.
Serpiente Go
18/09/2016
Actualizado a
12/09/2019
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