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Sermones inútiles

01/03/2026
 Actualizado a 01/03/2026
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El viernes comenzaba la campaña electoral en Castilla y León. Fotos y sonrisas. Ensoñaciones y esperanzas. O, mejor dicho, fábulas de la lechera con las consabidas consecuencias, que acabarán siendo la moraleja en varias de las formaciones: un relato de lectura obligatoria para posar los pies en el duro suelo. Vivir en el limbo, algo muy común entre la clase política, suele traer consecuencias.

Aquí, por el momento, ya ha saltado a la opinión pública la siempre inesperada (e indeseada) encuesta del CIS, un sondeo apadrinado por el ‘imparcial’ Tezanos y su clásico y repetitivo sesgo socialista. Y la verdad –cabe recalcarlo– el individuo en cuestión ha estado un pelín más moderado que en ocasiones precedentes, al respaldar con su firma un empate técnico entre el PP y el PSOE. De todas las maneras lo que diga el patrón del Centro de Investigaciones Sociológicas no se lo cree ni el tonto del pueblo, que antes siempre había uno y ahora, para contarlos, faltan dedos en las manos.

Si la mayoría absoluta para gobernar la Comunidad es la de 42 procuradores –los escaños a dilucidar en las urnas son 82–, el Partido Popular –señala el mandamás y sacristán de Sánchez– sería la fuerza más votada con 38 escaños, seguida del Partido Socialista con 35, Vox con 19 y, por último, la UPL con 4 asientos. El resto de participantes en la ‘competición’ autonómica sería supletorio. 

Por lo tanto, lo que nadie discute a estas alturas de la película es que la izquierda no va a gobernar durante otros cuatro años. Y, tampoco, que Mañueco está condenado a entenderse con Vox lo quiera o no. Es hora de aparcar complejos y llegar a acuerdos, en aras de rubricar una gestión estable y sin sobresaltos, como ocurriera en la actual legislatura. Y quien se quiera rasgar las vestiduras –que se las rasgarán– que lo haga. El PSOE –Sánchez, por mejor expresarlo– puede hacer de su capa un sayo y arreglarse con todo aquel que le permita seguir como presidente. Y, como ha venido haciendo, le da igual Juana que su hermana. 

En un acto de precampaña el domingo estuvo en Ponferrada. Y, como se esperaba –sus homilías no dan para otra cosa–, se plagió a sí mismo una vez más. Dijo lo de siempre. Que si la derecha, que si la ultra derecha, que si Mañueco es muy malo y hay que desalojarlo del Colegio de la Asunción… ¿Y qué señaló de la provincia y en concreto del Bierzo? Pues nada, señor guardia. Ninguna mejora o inversión porque nadie se lo iba a creer. Ni siquiera lo suyos. Este es el panorama.

Sánchez, en fin, tiene un monótono guión que suelta allá donde va, cambiando, eso sí, los topónimos. Igual que hizo un famoso pregonero de la Semana Santa de León –también socialista, por cierto– en la década de los 80, quien soltó el espiche que traía bajo el brazo y todo el mundo quedó maravillado. O eso referían los ‘blandos’. Lo que nadie intuyó es que se trataba del mismo texto, al que cambiaba los nombres dependiendo del lugar en que actuara. Igual que el ‘amo’. 

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