marfte-redondo-2.jpg

Seres horizonte

28/06/2025
 Actualizado a 28/06/2025
Guardar

Cada vida es un horizonte que se abre al futuro. Hablaba   Ángel Gabilondo, antiguo rector de la Universidad Autónoma de Madrid y ex-ministro de Educación, de “Seres horizonte”, que son aquellas  presencias que se convierten en  referencia, a las  que según observas, te incitan a seguir adelante y mirar hacia el futuro. 

El otro día, en una conversación con mi familia, les hablaba de  una serie británica, de la BBC, que también comparto con ustedes “Call the midwife”, “Llamad a la comadrona”, y que cuenta la  historia de un grupo de comadronas y enfermeras que viven en un convento de monjas anglicanas que trabajan, en los años 50 y 60, en el East End de Londres. El atractivo de la serie reside en que se trata de un canto a la vida.  En ningún episodio falta un nacimiento. Además, desde un enfoque realista afronta temas como la pobreza, el racism , los derechos de las mujeres, la homosexualidad, la religión y los avances médicos. Siempre desde una mirada que acaricia sin invadir ni juzgar. La serie, además de contar con una cuidada selección musical de la época, rezuma humanidad. 

Pero lo más sorprendente fue que mientras les hablaba de esta serie, justo  en la mesa de al lado estaba la matrona que me atendió en el parto de mi primera hija. Sorprende casualidad, y a su lado estaba su madre, una señora de noventa años, vestida de color verde claro. 

“Ahí está” comentaba mi matrona, “no hace mucho sufrió una rotura de cadera, pero le ha pedido al médico que acelere lo que pueda la curación completa. Tiene que ponerse bien para bailar en la boda de su nieto”. La aludida asintió acompañado con  una sonrisa que brillaba en medio de un cutis envidiablemente rejuvenecido, y no precisamente por el relleno de una jeringuilla. Y les aseguro que en ese momento pensé “yo quiero ser como ella” Ese es mi horizonte. Como el perrín  que observé al día siguiente por la Avenida  Nocedo. Renqueante a  duras penas, conseguía acompasar una patita a la otra. Se movía trémulo por la acera “Tiene diecisiete años, y una artrosis galopante que le provoca dolor” pero se niega a abandonar la vida, nos dijo el dueño, al que felicitamos por su entrega.  Al acercarme al pequeño can, observé que llevaba una pelotina de tenis en la boca. “No quería dejar de jugar”. 

Y de nuevo aprecié en  aquel pequeñín  un horizonte en el que reflejarse. Aferrarse a una pelota con la que seguir jugando, luchando por los sueños, y caminando por muchas calles “no cedo”.

Porque la vida se abre paso, y nos quedan muchos despertares para divisar amaneceres en el horizonte. 
 

Archivado en
Lo más leído