Secundino Llorente

Las secuelas de un suicidio por acoso escolar

19/03/2026
 Actualizado a 19/03/2026
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El guion siempre es el mismo: Una niña o un niño humillado por un grupo de chulos y matones; todo el centro conoce esta situación, pero se lo callan; los niños y las familias acosadas se quejan y lo denuncian, normalmente a la dirección del colegio; pero nadie les hace caso o no se lo toman en serio. Cuando la noticia de la muerte del acosado sale en todos los telediarios, comienzan las lamentaciones. «Si todos hubiéramos hecho nuestro trabajo, esta niña estaría viva».

Sandra Peña, de 14 años, del colegio privado concertado Irlandesas de Loreto de Sevilla, el 14 de octubre, al salir de clase, no pudo aguantar más el acoso al que venía siendo sometida y se precipitó desde un balcón en Sevilla. Los indicios acusaban al colegio de no haber hecho los deberes. No quería verme yo en el pellejo de Francisco de Paula, el director del colegio. Si un director minimiza cualquier caso de acoso escolar, ocultándolo o negándose a abrirlo, porque, según él, es sólo «cosa de niños», está prevaricando. 

A los pocos días el periódico ‘El País’ llenaba dos páginas con este titular: «El cráter del suicidio tras el ‘bullying’: una menor muerta en Sevilla, padres destrozados, chicas hostigadas, alumnos y profesores en ‘shock’. La mala gestión de un caso de acoso escolar por parte del colegio concertado Irlandesas de Loreto dinamita la convivencia en el centro y la vida del barrio». 

Era un colegio de gran prestigio, con muchos ‘codazos’ para conseguir en él una plaza. Había empezado este curso con fiestas para celebrar el 50º aniversario de su fundación. Cincuenta años de trabajo y esfuerzo para conseguir esta fama y consideración se derrumbaron de repente por el bombazo de la muerte de Sandra, una de sus alumnas. La conmoción por su muerte se mezcló con el estupor, al trascender que su familia había informado al centro de que la niña estaba sufriendo acoso por parte de tres compañeras. Ese estupor se transformó en rabia e impotencia cuando la Junta de Andalucía constató que la dirección no había activado el protocolo preceptivo. Muy rápidamente la indignación prendió y se extendió virtualmente por las redes sociales en forma de hostigamiento hacia las supuestas acosadoras, también menores de edad. También, muy pronto comenzaron a plasmar ese descontento sobre los muros del centro, que desde entonces no han dejado de amanecer con pintadas que señalan a las niñas, acusadas de haber practicado bullying, como asesinas y al resto del colegio como cómplice.

Por supuesto, la familia, ante la pérdida de una hija, por la dejadez del colegio, está evaluando qué acciones judiciales va a adoptar. Es lógico que así lo hagan, todos haríamos lo mismo contra los responsables de la muerte de nuestros hijos, por su incompetencia e ineptitud.

Equipos directivos de colegios e institutos: ‘Alerta máxima’. Esto es muy serio. Para mí lo más importante a lo que tiene que hacer frente un director de centro educativo.

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