Por suerte para el bolsillo y por desgracia para todo lo demás terminaron las vacaciones. La rutina se adueñó de muchos de nosotros en este mes de septiembre que siempre significó nuevos comienzos y a los periodistas también nos toca trabajar, aunque a algunos les cueste creerlo. Correos para arriba y para abajo, una visita ministerial por aquí, una rueda de prensa por allá, un par de entrevistas telefónicas, otra presencial... Al menos, como periodista cofrade, he encontrado consuelo en regresar abordando ya algún tema semanasantero. Sí, cofradías en septiembre, pesaos, es el opio del pueblo que decía aquel. O la salvación, que dirían otros. Coged lo que prefiráis.
Pero no nos vamos a engañar. Qué bien se estaba de vacaciones, ¿no? Y ya no por el hecho de tener que volver a leer, a escribir un artículo o simplemente a pensar durante más de dos minutos, que al fin y al cabo esa es nuestra vocación y sino. Más bien la depresión postvacacional explota en el momento en que toca activar la antena para escuchar de nuevo toda esa cantidad de sandeces que a diario salen de boca de los políticos o de sus dedos, tecleando como adolescentes en X, convirtiendo poco a poco el mundo en una granja de sectarios y mentirosos empedernidos de diestra a siniestra.
Todos podemos estar más o menos de acuerdo en que la situación de Ceuta es grave e insostenible, pero los políticos están utilizando una vez más el drama migratorio para enfrentarnos a todos, para deshumanizar al negro que no es futbolista del Real Madrid y para olvidar los rostros, las historias y los nombres de aquellos que de verdad llegan dejando atrás el infierno en la Tierra. Unos niegan evidencias, otros alientan el miedo y el mundo se va a la mierda por culpa de los que deciden que esto les beneficia. No hay más.
Tampoco faltan los sectarios, jetas, fraudes y mentirosos en nuestro León. Donde los que van de socialistas en la Fiesta de la Rosa se aprovechan de los ataques a compañeros periodistas para sus propios fines, los de mantener su cómodo sillón sanchista. Donde los que iban a luchar contra la casta tras el 15–M se perpetúan en la búsqueda eterna del puestazo aunque sea desde otra ciudad a la suya y escupiendo sobre sí mismos sin sonrojarse, al anunciar que harán lo mismo que un día denunciaron de los del banquillo de enfrente.
Donde los perfiles más ‘populares’ que medran y dan el salto a Madrid son los más soplagaitas y bocachanclas del partido. Donde nos espera una precampaña de las municipales y generales en la que no podremos creer ni una sola palabra a nadie. Y, cómo no, donde los que van de pulcros capillitas acuden a desfilar y a ver procesiones solo para burlarse de todo aquello cuanto puedan, hasta que no quede ni un solo fallo por criticar. Así que, a aguantar sectarios. Es lo que nos toca vivir a los periodistas cuando se acaban las vacaciones.
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