Se ha muerto Robert Duvall, el único actor secundario del cine; Tom Hagen, Bill Kilgore, Boo Radley, da igual, todo en él terminaba devorando a los de arriba. En ‘Apocalipsis Now’ le bastó ponerse en cuclillas, una improvisación y once minutos de metraje. Era el sentimiento, las palpitaciones traseras de la acción de la película. Ahora sí que sí se ha muerto el siglo XX, o seguirá agonizando, pero al menos Óscar López ya tiene otro cadáver al que darle azotainas por el resultado de Carlos Martínez. Si lo de Aragón fue por el muerto Lambán, lo de Castilla y León puede ser por el muerto Duvall. Qué más dará. Se puede parecer mostrenco, pero no serlo, ser capitón y cenceño de entendimiento, parecer inicuo pero ejercer con sensibilidad y sosiego. Ese mar de prejuicios es el de Óscar López, viceministro de mamporros y carroñería. Les juro que hay óscares de corazón brillante, no se fíen de la tele.
El sanchismo persigue como antaño, porque toda práctica política abyecta es adaptable si se tapa con la correcta cantidad de purpurina; ahí lo sucedido con Pablo Iglesias. Hasta la tumba a por el disidente, ese es el sello cuando el edificio se va destruyendo en torno a Pedro. Distracciones burdas, mensajes a las filas, búsqueda de enemigos y una zofia cutrez en los personajes que rodean la esfera de cargos. Yolanda fue una creación monclovita, esparcida por esos focos arrodillados como ejemplo del nuevo laborismo; la Spanish Jeremy Corbyn, ¿se acuerdan? Ahora que la brillante nueva invención es Rufián, en vez de dar las graciñas, arrastra más si cabe su crédito con los murmullos de «qué viene el presidente».
Resistir, porque esa es la consigna, porque el negocio se derrumbaría, porque a dónde irían. Desde los de las tabletas hasta el indepe que pide el voto en Algeciras. Le necesitan. «¡Aguanta Pedro! Tapa elecciones, cabezones, saunas, koldos-ábalos-cerdán, Air Europas, vías férreas que se llevan 46 vidas… Saca a Tezanos, díselo a Elon, a esos empresarios malnacidos, baila con Bad Bunny o sobre los restos de Lambán, pero aguanta Pedro, aguanta».
Aquí sí que huele a napalm.