Quería empezar esta columna utilizando alguna comparación adecuada para citar a sus inspiradores, el dúo imbatible de la información leonesa. Mucho tienen de Quijote y Sancho, que yo los he visto luchar juntos contra molinos y llevarse la contraria al mismo tiempo, pero en la famosa pareja cervantina hay demasiada desigualdad, estos son más parecidos. ¿Aquiles y Patroclo quizá? ¿Holmes y Watson? ¿Frodo y Samsagaz? Al final di con la cita literaria que creo que ellos mismos encontrarían más satisfactoria. La interpretaba nada menos que el gran Fofó, con sus hermanos Gaby y Miliki:
«Eran dos tipos requetefinos,
Eran dos tipos medio chiflaos,
Eran dos tipos casi divinos,
Eran dos tipos desbarataos.»
Bueno, pues hecha la comparación, resulta que David Rubio y Alfonso Martínez acaban de torear al alimón uno de los Miuras de la feria de las desgracias leonesas, junto con el aparcamiento de Santa Nonia, el Parador de San Marcos, el tren de Matallana y alguna más que se me olvidará. Se trataba en este caso del Teatro Emperador. Primero David Rubio se marcó un precioso reportaje sobre la ocasional reapertura del teatro para que fuera visitado por los participantes de cierto congreso. Nunca esperé que después de 20 años cerrado ofreciese semejante aspecto ¡Estaba precioso, casi como para un estreno! (Les recomiendo visitar la versión publicada en la web de La Nueva Crónica, más rica en fotografías). Cada uno de sus rincones de pan de oro y terciopelo rojo nos trajo a todos innumerables recuerdos. ¿Cómo puede ser que un monumento como ese, en el corazón de León, que apenas necesita un par de retoques para poder funcionar permanezca cerrado sine die?
La respuesta nos la dio Alfonso Martínez en otro artículo publicado pocos días después: nuestros políticos no son capaces de reabrirlo si antes no gastan una millonada de nuestros impuestos en desbaratarlo entero.
Cinco años, al menos, necesitarán para una obra de reforma que afectará al gallinero, al patio de butacas, al escenario, al foso y hasta al exterior del edificio. El reportaje de David Rubio adquiere tientes de despedida. El desmantelamiento es necesario, según los expertos, porque las dimensiones actuales del recinto no permiten «acoger grandes montajes» ¿Qué no? Pues yo vi unos cuantos, y si se quiere traer alguno que no quepa en el Emperador, para eso tenemos el Auditorio.
Y por cierto ¿nada tienen que oponer nuestras Comisiones de Patrimonio local o autonómica (ignoro cuál es el reparto competencial en este caso) sobre estos bárbaros planes de derribo interior de una joya tan querida por los leoneses y perfectamente funcional?
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