Lo confieso: días hay en que afrontar la escritura de esta semanal comparecencia se me vuelve cuesta arriba. Como que desesperanzado estuviera respecto de cualquier asunto público que a todos ataña. Menos mal que uno atesora sabidurías ajenas que le templan el ánimo y al teclado lo sujetan. En esta ocasión, y puesto que el pasado viernes –décimo sexto aniversario del fallecimiento del maestro Victoriano Crémer– anduve releyendo prosaicas y poéticas cosas de las muchas que nos dejó y pasé, cómo no, por su artículo ‘Escribir en España’ con el que tan generosamente abrió e inauguró los ‘Cuadernos de la Babilonia’, revista literaria del Secretariado de actividades culturales de la ULE –todo hay que decirlo de bravísima vida–. Y allí, en él y ya en su primer párrafo, me recordó la enseñanza que decía y repetía don Victoriano «que escribir en España es, más que un duro experimento, un ejercicio de resistencia». A ese resistente ejercicio es al que hoy me ato para ejercerlo.
Sí, días hay en que desazonan tantas preguntas respecto al presunto mal quehacer de personas de responsabilidad política pública. Cómo personajes de tal calaña pudieron llegar a donde llegaron, cómo nadie notó nada, cómo a nadie le extrañó nada. En un mundo como este en que, si estornudas en la Plaza de la Pícara, cuando llegas a Ordoño II ya alguien te pregunta por tu neumonía, cuántos silencios cómplices o convenientes hubo. ¿Perdura la indebida obediencia debida en organizaciones políticas que se proclaman socialistas? ¿Cuándo llegará el día nueve, cómo serán las explicaciones por suerte ya en pleno monográfico y no en ‘totum revolutum’ o si te gusta el arroz con leche ya te meto un ladrillo por debajo de la puerta que decía quien bien recuerdo, como pretendía el gobierno? ¿Cómo, cómo después de las experiencias propias y ajenas puede el PSOE verse de nuevo en estas? ¿No le era suficiente todo lo que se sabe se le enfrenta afuera a su mejor hacer? Paciencia y a esperar por la verdad. Verdad que por nada deseo sea depravación que opaque todo logro habido, que los ha habido y no pocos.
Sí, hoy es día en que siento la verdad de la cita que Crémer hacía de Francisco Ayala en el citado artículo: «La vida del escritor está en sus escritos… En todo caso, el escritor es solo una persona que escribe, un hombre –como los demás– al que la historia lo mueve y lo sacude y a veces lo maltrata». En este aprendizaje sí me reconozco como escritor. Sí, hoy me salvado Crémer. Gracias don Victoriano.
¡Salud!, y buena semana hagamos… ¡Y tengamos!