Rosendo: lúcido, silente

06/03/2018
 Actualizado a 19/09/2019
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Esa voz que se ha ido defendiendo de los arañazos del tabaco nos ha convertido en alumnos que no lanzan las campanas al vuelo, ni buscan estatuas. La misma que ahora quiere colgarse de los brazos de su enamorada guitarra para respirar. Dice adiós Rosendo al verse las canas, sin dejar de ser ese «lúcido, silente y con sentido del ridículo». Versos que salen solos para los que adoramos esas maneras de vivir suyas. «No sé si estoy en lo cierto , lo cierto es que estoy aquí , otros por menos se han muerto...». El madrileño se jubila con una despedida a manos llenas, queriendo abrazar a los que, desde la platea siempre lo hemos recibido con un nudo en la garganta. Llega como el sol acariciando junio a Ponferrada a decir que se va desde lo alto, porque un loco por incordiar tiene que hacerlo así, salvándose de la quema de la jubilación inoperante. «No hay tiempo que se deba perder justificando un retraso», dice el libro de citas históricas del cantautor melenudo que siempre ha tenido un fin claro «¿sabes tú lo que yo quiero?, quiero no colarme por el agujero». Cada concierto que ha dejado en la ciudad ha sido una reivindicación sin pancartas que deja un buen sabor de boca al hacerle los coros. Y cuando dice eso de «no hay ninguna razón para sentirse optimista» sabes que está asomado a la misma realidad, solo que ha podido mantener el status de decirlo todo sin corbata, por eso le debemos el saber que«hay cómo y hay porqué... yo siempre iré conmigo, donde vayan mis pies».

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