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La rosa del verano

06/08/2025
 Actualizado a 06/08/2025
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Vuelve a correr la sangre por nuestros pueblos cuando llega el verano. A ellos, acuden los oriundos de los mismos, tanto los que viven en León, como los emigrados a otros ámbitos españoles o europeos.

Y los pueblos se animan, se vuelven a poblar, aunque sea meramente por unas semanas, en una suerte de vuelta a ese pasado en el que se hallaban más habitados y, por ello, con más dinamismo y energía; en su edad de oro, si así pudiéramos decirlo.

En Villacidayo, nuestra amiga Jesusa, la mujer del recordado y mítico pastor Amancio, ambos ya fuera de este mundo, esperaba impaciente la llegada de este tiempo y, con él, de la gente, pues, tras todo el año con tan escasa población en su lugar, se entristecía.

Un elemento, además, que revitaliza a nuestros pueblos a lo largo de estas semanas estivales es la celebración de las fiestas patronales en no pocos de ellos, con sus diversos ritos profanos y religiosos, en los que se asienta el arraigo de la tradición, así como de la identidad, y que supone una expresión y expansión de la alegría y de la convivencia.

Pero una novedad que dignifica nuestro mundo campesino desde hace años es la existencia de instituciones o de fundaciones en él, en algunas villas y pueblos, que realizan, ya sea a lo largo de todo el año o durante el período veraniego, una programación cultural de laque se benefician las gentes de los contornos.

Pensamos ahora, por ejemplo, aunque tengamos conciencia de que estamos ante una realidad excepcional, en Cerezales del Condado, donde la Fundación Cerezales Antonino y Cinia, con una hermosa y muy contemporánea sede, obra de los arquitectos Tuñón y Mansilla, realiza una programación constante a lo largo de todo el año, moderna, y, al tiempo, vinculada con el territorio y con el mundo de la raíz, de un gran interés, de una gran diversidad.

Cuenta para ello con un valioso y joven equipo humano, cuya cara más visible es la de Alfredo Puente. La programación de este de 2025 lleva por título ‘Estación verano’ y cuenta con exposiciones, grupos de trabajo, talleres, escenas, conciertos, filandones, observaciones del cielo y de la tierra…, presentaciones de libros.

No podemos realizar siquiera una sinopsis de tal programación. Quedémonos con las presentaciones de libros. Este pasado 30 de julio, presentábamos el nuestro titulado Veladas campesinas de invierno en el ámbito leonés, con la asistencia de un no escaso público de León y del contorno.

Y ayer mismo, 5 de agosto, Julio Llamazares presentaba una edición de su hermoso poemario ‘La lentitud de los bueyes’, que, junto con Memoria de la nieve, constituye una conseguida poética de la memoria de la tierra, de nuestras gentes, de ese misterio que atraviesa todo el territorio del origen, atravesado por el mito, cuando la vida antigua se sostenía en su edad de oro.

La rosa del verano, esa lograda rosa de la plenitud del tiempo, se halla desplegada por todos nuestros pueblos, mientras, por unas semanas, se hallan poblados y se entregan a los encuentros y a las celebraciones, a la memoria de lo que fueron, desgranada en las conversaciones entre unos y otros.

Disfrutemos todos de estos días, tan necesarios, para que la normalidad urbana en la que existimos no se nos atragante.

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