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Al rincón de pensar

22/03/2026
 Actualizado a 22/03/2026
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Por mucho que se diseccione el resultado electoral en Castilla y León por sesudos analistas, politólogos, periodistas, opinantes, tertulianos resentidos de cualquier signo o credo y otros especialistas y especímenes de diverso pelaje y condición, la política autonómica sigue igual. Nada ha cambiado. Ganaron los de siempre, la derecha -como se esperaba- y la izquierda -que sigue por la misma trocha de rodadas y baches- a acompañar. Como los toreros de segunda fila. La extrema izquierda ni siquiera eso. Se ha quedado con dos palmos de narices y mirando al sol. Eso sí, descamisada de bordados rojos para evitar confusiones. No obstante, en la tarta de crema pastelera del último domingo falta el arrope, pero ya se encargará Vox –por la cuenta que le tiene, dadas las circunstancias- de bajar a tierra y hacerse presente en el obrador que tutela Mañueco.

Y en esta consideración, lo cierto es que la UPL se ha quedado de convidado de piedra. No mengua, pero tampoco crece. De poco vale, que, mirándose el ombligo, señalen desde la dirigencia -como coartada innecesaria- una pequeña mejoría en el número de votos. Todo es bueno para el convento, nada sobra, sin embargo ello no se ha traducido en nada. Tres eran tres y tres continúan en las Cortes de Valladolid. Deberían analizarlo en torno a la mesa conciliadora del partido, con un paño húmedo sobre la frente. Con frialdad. Sin excusas vulgares. Algo no carbura. Echar la culpa al Bierzo es una forma de autojustificación leguleya. Hay algo más. Y lo saben.

En las municipales de mayo de 2023, la Unión del Pueblo Leonés dio un paso de gigante tanto en la capital leonesa como en la provincia. Fue un resultado espectacular, que les daba alas para soñar por derecho propio. Se vislumbraba, al fin, un horizonte despejado y esperanzador para próximas convocatorias. En el salón de Plenos del Ayuntamiento de León se sentaban cinco concejales –tres más que cuatro años atrás- y se había acariciado el sexto en detrimento del Partido Socialista. Mayorías absolutas se anotaron en Sariegos, Cistierna, Santa María del Páramo… y mayor número de ediles que nunca en el complejo mapa concejil. Un éxito rotundo. Un zambombazo. ¿Y luego qué?

Los leonesistas no han sabido rentabilizarlo. Y a las pruebas hay que remitirse. En la Diputación, donde cogobiernan con los socialistas, llevan haciendo el panoli desde hace tiempo. El PSOE les está comiendo la merienda, y entretanto siguen, tan campantes, con las orejeras puestas. La muchachada –en sentido figurado- de Álvarez Courel, el presidente de la institución, se frota las manos. A darle calor. Por no hablar ya del Consistorio de San Andrés del Rabanedo, el tercer municipio provincial, por detrás de León y Ponferrada, donde la UPL gobierna con inacabables dificultades. Todo son problemas y lo han comprobado en el recuento de papeletas del domingo: mil menos que en 2022. Es para hacérselo mirar.

Toca la reflexión. Sin ambages. A pecho descubierto. Y con valentía. Les va en ello el futuro. 
 

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