Angel Suárez 2024

El retorno de los chamanes

25/07/2026
 Actualizado a 25/07/2026
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Pongamos que uno se levanta con un ligero dolor de oído. Acude a la farmacia y le pide a la farmacéutica (digo farmacéutica porque los varones han desaparecido de las boticas, no me pregunten por qué) que le venda unas gotas para el oído. Ella te mira como si le hubieras pedido una ampolla de cocaína inyectable.

—¡Pero eso tiene antibiótico!
—Bueno, pues mejor para mí y peor para las bacterias.
—¡Pero necesito una receta médica!
—Claro, pero para eso tendré que pedir cita a mi médico de cabecera, me la darán para dentro de 10 días, y dentro de 10 días, o la otitis se ha curado sola o se ha extendido y he muerto de septicemia, en ninguno de los dos casos necesitaré ya las gotas.
—Es que tiene usted que ir a Urgencias.
—¿A Urgencias? ¿Pero cómo voy a ir a Urgencias porque me duela un poco un oído. Si todos fuéramos a Urgencias por este tipo de cosas el Servicio colapsaría y no habría quien atendiese las urgencias médicas de verdad.

Y aun así no quedó otra que ir a Urgencias, a las de Eras de Renueva, me daba menos vergüenza que ir a las del hospital.

No sé cuáles eran los males de las muchas personas que allí esperaban la atención de los pobre médicos de Urgencias, solamente oí decir a una señora que le había picado un bicho. Esperé 15 minutos y me fui con mi dolor de oído.

Los boticarios -quede claro que ni ellos ni la mayoría de los médicos de primaria tienen la culpa de la situación- suelen recurrir a otra alternativa: ofrecer al paciente medicamentos que se venden sin receta, tremendamente caros, compuestos de hierbas y aceites naturales. Uno se los toma y le sucede como a aquel que tiene tos y se rasca los cojones, pero entre el dineral que se ha dejado en el remedio y un poco de efecto placebo a veces siente algún alivio. Personalmente, no creo que siglos de estudio y trabajo científico, desde Dioscórides hasta Fleming, deban ser sustituidos por remedios de chamanes. Para mí prefiero medicamentos desarrollados por químicos y farmacéuticos titulados, en laboratorios llenos de aparatos tecnológicamente avanzados. Pero ya no están a nuestro alcance. Tal y como están las cosas me temo que no nos quedará otra que confiar en la oración y en la fortaleza del sistema inmunitario.
 

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