Imagen Juan María García Campal

Repugnancia, asco real

16/03/2016
 Actualizado a 12/09/2019
Guardar
Me enfada la naturalidad con que, creo, se contempla cómo la cosa pública nacional y europea se sigue degradando de día en día, de noche en noche, en un sin parar que a muchos ha dejado y deja en un sin vivir. Hay momentos en que uno llega a preguntarse si habrá ser humano o máquina capaz de atenuar tal envilecimiento público, institucional. Aunque también es posible que todo sea que yo esté tendiendo a un crónico refunfuñar o que me haya desenfocado, como le pasaba al personaje de Woody Allen, y no capte en toda su liberalidad y divertimento lo que tengo por real desfachatez e inhumana y voluntaria amnesia. Sí, sin duda va a ser esto: que contadas reiteradas veces las cuatro patas de mis gatos, ando buscándoles la quinta a las instituciones que ayudo a mantener vía ‘ierrepefe’. No crean que es fácil, qué va. Vive uno como si la realidad le fuera llevando a uno hacia el vertedero, como que me voy quedando gagá. Porque con lo que me costó, en disgustos y desengaños, aprender qué es un amigo, qué un compañero, qué un conocido y qué un saludado; cuando ya iba teniendo algo así como una seguridad semántica para lo que me reste de consciencia vital, descubro –y me ciño al término, y no al contexto, que ando de la cosa esofágica– que ahora también existe el ‘compi yogui’ y, claro, te quedas de una desnudez lingüística que escalofría. Conste: lo primero que, en mi torpeza, pensé, fue en un nuevo título nobiliario por mí desconocido, cosa comprensible, dados mi gran gusto por lo imaginario y mi vasta ignorancia de lo real. Luego ya supe que no, que sigue siendo el reino de corte austera, que la cosa no pasó de ser una, ¿significativa?, ‘frivolité’ de –en castellano no malsonante– excremento, digamos, de andar ¿doméstico o palaciego?

Constatado qué poco idóneo se muestra a veces lo real, dejó de extrañarme la frecuencia con que, en el ámbito del poder político, y aun cuando del término ‘ciudadano’, en su plural, se haya apropiado una de sus facciones, cada vez se use más el de ‘gente’, «con respecto a quien manda, conjunto de quienes dependen de él», para referirse a lo que es ciudadanía, conjunto de ciudadanos, «personas consideradas como miembros activos de un Estado, titulares de derechos políticos y sometidos a sus leyes». Toda una distinta concepción de lo público.

¿La inhumana Europa? Buscando argucias, eufemismos de ‘merde’ para negar refugio a esas miles de personas que, sin duda peor que yo, estarán comenzando a sentir, a mayor sufrir, repugnancia, asco real.
Lo más leído