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Relevante leonés cumple cien años

31/05/2026
 Actualizado a 31/05/2026
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Un leonés de relevancia nacido en León en la calle Santiesteban y Osorio el 7 de mayo de 1926 y fallecido en Barcelona 70 años después tenía por nombre Emilio Salgado Gómez. De haber pervivido hubiera cumplido cien años este mes que corre. Pese a su gran aportación a la ciencia y a la literatura, su nombre no figura en el callejero de la ciudad en la que vino al mundo.

Perteneciente a una conocida familia leonesa dedicada a la medicina, Emilio Salgado Gómez cursó estudios universitarios en Barcelona, especializándose en oftalmología. Miembro de varias sociedades españolas y extranjeras, amplió su labor científica en Gran Bretaña, Alemania, Francia, Suecia y Finlandia. Destacan sus estudios en torno a la miopía, especialmente sus descubrimientos sobre la microcirculación en la conjuntiva del ojo para detectar enfermedades cardiovasculares. Estudios culminados en una tesis doctoral defendida en la Academia de Ciencias Médicas de Jerusalén y posteriormente publicada en París. La prensa médica mundial calificó este trabajo suyo como «un nuevo puente entre la oftalmología y la medicina interna, sobre todo la cardiología».

Establecido en Barcelona, donde abrió una clínica, además de pronunciar numerosas conferencias e impartir cursos en los países citados, Enrique Salgado Gómez publicó alrededor de cien trabajos de su especialidad en revistas españolas y extranjeras, siendo fundador de la revista Miopía. Dentro de su bibliografía como investigador, cabe destacar, entre otras, las siguientes publicaciones: «Cirugía de la Miopía», «Los miopes», «El fondo del ojo en la práctica médica», «El mundo de los miopes», «Semiología neurooftalmológica», «Semiologie vasculaire de la conjonctive» y «Los ojos y la vida sexual». Este insigne paisano nuestro no ha sido como esos médicos escritores que comenzaron a estudiar la carrera de medicina y la abandonaron sin llegar a licenciarse por seguir derroteros literarios, como fue el caso de James Joyce, André Bretón, Emilio Aragón, Bertolt Brecht o Paul Celán. Ni como Mateo Alemán o Pío Baroja, quienes, si bien licenciados en medicina, apenas ejercieron como médicos, porque decidieron ganarse la vida como escritores. Ni quienes, de modo esporádico, dedicaron un tiempo a su fantasía creadora, como Claude Bernard o Santiago Ramón y Cajal. En Enrique Salgado se da, en cambio, una admirable concatenación y equilibrio entre la curiosidad científica, el ejercicio de la medicina y la pasión por la literatura, al igual que Gregorio Marañón, Miguel Torga, Fernando Namora, Gottfried Benn o Antón Chejov. En el caso concreto de Enrique Salgado Gómez, la literatura se centra en el ensayo, y asombra por la pluralidad de aspectos y personajes sobre los cuales creó un género literario muy personal denominado «radiografía». A este respecto y en atención a su vasta aportación ensayística cabe citar, entre otros títulos: «Radiografía de Cristo», «Radiografía del «Che»», «Radiografía del dictador», «Radiografía de Franco», «Radiografía del odio», «Las cartas de amor de Franco», «Biografía del miedo», «Erótica del poder», «El libro de la vida y de la muerte», «Erotismo y sociedad de consumo» o «El tercer sexo». También cultivó la poesía bajo los títulos: «Seductor soplo salvaje» y «Nosotros, los muertos».
 

Los ojos de Enrique Salgado Gómez vieron en León por primera vez la luz y luego se esforzaron hasta su muerte para que muchos ojos enfermos pudiesen salir de su oscuridad. El 25 de octubre de 2022 propuse por carta al Excmo. Ayuntamiento de León que se inscribiese su ilustre nombre en algún espacio urbano. A tal propuesta ni calle ni plaza… ni respuesta.
 

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