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‘Regreso al futuro’

08/04/2026
 Actualizado a 08/04/2026
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Después de la pasión y muerte de la Cultural Leonesa, la resurrección del pasado fin de semana ha provocado que sus fieles vuelvan a creer en el milagro de la salvación. Así, los culturalistas esperan con ansias el partido de este domingo, que también tendrá otro aliciente: la llamada ‘Jornada Retro’. No sé si lo han visto, modelos desfilando por una pasarela con camisetas antiguas, entre las que la propuesta de la ‘Cultu’ fue la más horrenda, que se lucirán en los encuentros de los próximos días. Una apuesta ‘vintage’ que llega ahora al fútbol, pero que ha ido colonizando otros órdenes de la vida hasta el punto de que uno tiene cierta sensación de encontrarse dentro de una película de ‘Regreso al futuro’. «Un momento, Doc… ¿me estás diciendo que has construido una máquina del tiempo con un DeLorean híbrido enchufable?», que diría hoy el bueno de Marty McFly.

La nostalgia ya no es lo que era o, al menos, ha caído también en la trampa de tener que ser rentable. Resulta paradójico que en una sociedad obsesionada con la novedad sea lo ‘vintage’ lo que se haya convertido en la forma más fiable de marketing: el cine apuesta por universos expandidos y ‘remakes’ de todo lo que un día triunfó, la música que se escucha tiene la base de un sintetizador ochentero y la estética de unos auriculares de los 2000 o la ropa de moda se inspira en las chaquetas acolchadas y los pantalones voluminosos de otras épocas. El resultado, un futuro casi anacrónico. Precisamente como el de ‘Regreso al futuro’, la más retro de todas las películas.

Al final, los guiños de siempre al pasado se han convertido de un tiempo a esta parte en una estrategia por parte de esas industrias a las que nada escapa: reciclan, reinterpretan y relanzan lo que funcionó con la promesa de hacernos sentir como entonces. Así, la moda de lo retro no es más que la añoranza de un tiempo más auténtico, en el que probablemente todos nos mirábamos más a la cara.

Muchos jóvenes sienten, o sentimos, apego por épocas no vividas, en una nostalgia prestada que se ha construido en base a referentes culturales e inescrutables algoritmos. A capítulos de ‘Aquí no hay quien viva’, clips de Chiquito de la Calzada en ‘TikTok’ y cartas de restaurante que imitan a Cuadernos Rubio. Una actitud legítima que conecta generaciones, pero que, por encima de todo, vende. ¿De qué otro modo sería posible que una adolescente pasease por la calle Ancha en abril de 2026 con una camiseta de Oliver Kahn? Sí, está pasando, hace un rato lo he visto y por eso me ha dado por escribir esta columna a la que solo le queda un párrafo.

La inteligencia artificial y los robots que aspiran nuestras casas nos dejan la sensación de vivir en ese futuro que décadas atrás soñábamos, pero solo nuestra innata querencia por el pasado logra dar sentido a los tiempos presentes. Tal vez aún sea posible alcanzar un porvenir genuino, nuestro, similar al de ‘Regreso al futuro’. Para todo lo demás, con o sin camiseta retro de la ‘Cultu’ puesta, siempre nos quedará esa otra pregunta de McFly a Doc que nunca había estado tan vigente como ahora: «¿Qué nos ocurre en el futuro? ¿Nos volvemos gilipollas o algo parecido?».
 

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