Desde hace ya mucho tiempo poco espero de la clase política, por eso no me extrañan ciertas actitudes. La ventaja de esta falta de confianza es que uno no se siente decepcionado. Por esta razón, no me ha sorprendido cómo la Mesa del Congreso ha cocinado la modificación del reglamento que regula la actividad periodística en la mal llamada casa de todos. Pero lo que sí me ha provocado una repulsa incalificable es que el ‘establishment’ periodístico de nuestro país se haya convertido en cómplice de esta barrabasada.
No hace falta ser un iluminado para saber que el poder corrompe. Cuanto más cerca estés de él, más probabilidades existen de que te acabes contagiando y te olvides de tus valores y principios. Y los periodistas y organizaciones profesionales no somos una excepción.
Sé que no lo van a hacer, pero los grupos parlamentarios PSOE y Sumar y la Asociación de Periodistas Parlamentarios y la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE) deberían explicar por qué han acordado algunos de los cambios de dicho reglamento sin luz ni taquígrafos y excluyendo deliberadamente de ese debate a diferentes organizaciones profesionales como la Red de Colegios de Periodistas de España o la Agrupación de Periodistas de UGT. Sé también que la fauna política, indistintamente de sus siglas, solo busca su propia supervivencia, dejando a un lado el interés general. Pero que quienes deben defender a los periodistas y proteger la libertad de prensa y el derecho a la información se conviertan en cómplices de esta tropelía da mucho que pensar.
Evidentemente que era necesario modificar ese reglamento y actualizar los protocolos para otorgar las credenciales de prensa. Desde la propia Red de Colegios Profesionales de Periodistas lo venimos reclamando ya desde hace meses e, incluso, enviamos varias propuestas al respecto. Pero, a la hora de la verdad, el texto aprobado ha salido de un aquelarre formado por ciertos políticos y esas dos organizaciones.
Este nuevo reglamento nace con olor a rancio y alcanfor porque obvia el nuevo ecosistema mediático digital y deja fuera de poder recibir acreditación de prensa a periodistas de ciertos medios o freelance. Pero igual de preocupante es que el Consejo que decidirá retirar o no las credenciales de prensa a los periodistas que incumplan ciertas normas de comportamiento estará formado por más de diez políticos y sólo tres periodistas. Sin duda, una gran apuesta por la autorregulación periodística. El mundo al revés: el periodismo está para controlar al poder, pero ya vemos lo que algunos quieren.