Era entonces, cuando mi padre lo sacaba por la ventanilla del coche, y entonces, un pequeño vendaval inesperado ponía en formación el vello de su robusto antebrazo, mientras una sensación de alivio tonificaba su cuerpo y ánimo, bastante indoblegable por el peso de las preocupaciones cotidianas. Él era roca, aunque luego afloraran sus lágrimas de niño ante el ‘Marcelino Pan y vino’ de Pablito Calvo.
– Garrafe siempre ha sido el cambio de ribera a montaña. Sentenciaba
Y es que aunque el Torío seguía su curso compañero, el avistamiento del Pico Polvoreda, la Peña Galicia y otras cumbres hermanas, nos traía ráfagas de brisa más ansiadas que otra cosa. Este hecho se producía justo al culminar la cuesta de la carretera León-Collanzo a su paso por Garrafe.
Y era entonces, cuando el chorro de la voz ranchera de Aceves Mejía timbraba con especial brío en el rasiocasete del Seat 1430.
Ayer nos acordábamos mi madre y yo, cuando veníamos hacia Matallana para iniciar el veraneo. Y sin quererlo, bajo el cielo azul impecable, comenzó a desfilar el recuento de ausencias del pueblo.
Mira que era buena chica Lucinia, y muy trabajadora, y Juanita, la mujer de Chilo, siempre activa, tan pequeñina, yendo de un lado para otro, y Mari Toñi…¿también se fue verdad?
Es curioso ese modo de ser que tenemos los seres humanos. Siempre echando en falta algo incluso empapados de un cielo azul a rebosar... Quizá eso sea consecuencia de un anhelo de eternidad que nos impele a aspirar a lo imperecedero.
Nómadas en tránsito constante, que pretendemos avanzar cargando con todo el equipaje intacto y manteniendo siempre los mismos compañeros de viaje. Pero no todos ellos se apean en la misma estación, ni a todos les compran el billete para realizar el mismo trayecto. No disponemos del mismo tiempo, ni pisamos los mismos campos. Ni tan siquiera recorremos la misma distancia.
Unos solo son capaces de recorrer un pequeño tramo, otros se abonan a las largas distancias. Muchos permanecen en el apeadero, esperando al resto, o contemplando su lucha.
Y para luchas la que mantiene activa la plataforma de Feve, que pelea por recuperar a aquel que ausentaron de la Estación de Matallana de León. Varios tramos a pie han ido realizando desde Guardo, y mañana, domingo, desde Garrafe, hasta la Estación de Padre Isla, donde nos recibirá una vía muerta que llora la ausencia del que nunca debió partir.
Y habrá algunos locos que la haremos, andando o corriendo, vete a saber...
Ya me imagino a mi padre, asomado al balcón de la terraza, mientras observa a la pequeña riada humana serpenteando por su calle en defensa del tren de Feve, y diciéndole a mi madre: «Peque, esto marcha».