Javier Cuesta

Reacios a ser de aquí

26/02/2026
 Actualizado a 26/02/2026
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En el libro «Rezagados. Una nueva economía para lugares olvidados», el autor P. Collier plantea las causas de que haya territorios que se han quedado atrás. Señala sobre todo dos valores de progreso: por un lado, sentimiento de pertenencia a una comunidad por sus miembros; por otro, líderes capaces de seducir a esa comunidad en un propósito común y compartido. Identificación y liderazgo. León es uno de esos lugares rezagados: chamuscado en verano; helado en invierno; en todo tiempo, cenizas. Una provincia herida, deprimida, moribunda quizá. ¿Cómo auto-analizarnos a la luz de esas dos claves? Es muy dudoso que alcancemos el percentil en ninguna.

Según ese ensayo, el sentimiento de pertenecer a un espacio compartido vendría a ser un cierto leonesismo bien entendido. Y ahí, en una de esas claves, con liderazgos pasados mucha suerte no hemos tenido, a menudo vendidos por un plato de lentejas a Fuensaldaña. Sin el fiasco de los pelines, los oteros, las fartos… tal vez otro gallo de San Isidoro cantaría. 

Respecto a lo del sentimiento de pertenecer a un lugar determinado, segunda clave, tampoco es para sacar pecho el dato de que hace un año, el 16/F, salieran a la calle varios miles de leoneses con un mismo grito. Según para quien, fueron muchos o pocos. La estadística es ciencia de interpretación elástica y siempre son más los que no salen en cualquier cita: si hubo veinte mil, otros cuatrocientos mil se quedaron en casa. Y los miles que sí, habría que recordar la boutade que repite siempre el doctor Martín V. «acudieron porque era gratis». (Inciso aquí. Peor aún es cuando va sólo un puñado, por lo de Feve, y algunos de los que están allí haciendo el corro de la patata, sobran. Sucede en toda reivindicación: los que sujetan la pancarta son los culpables de la protesta que viene detrás. Brecht lo dijo así: «en cuanto a manifestarse, muchos no saben / que su enemigo está encabezando la marcha». Los partidos mayoritarios que abanderan esos actos, luego cortan el bacalao y van a bloquear cualquier cambio. De ahí que ante esas convocatorias algunos tengamos el corazón `partío´)

Pero sobre todo, y lo que cuenta, si de sentimiento regionalista leonés o de pertenecer a un lugar y a una cultura hablamos, con unos comicios a la vista sería el momento de dejarse oír, defenderse, echar el resto como pueblo. En pura lógica (sin chovinismos) y siquiera fuese por egoísmo cazurro, incluso por el subidón de votar a la contra, en unas elecciones autonómicas más que en ninguna otra cita electoral tendría que arrasar cualquier opción leonesista en León. Pero no es así: los partidos mayoritarios, esos que se escudarán en el ordenamiento administrativo actual y abortarán cualquier cambio para la provincia, tienen ya su éxito garantizado, sus procuradores contados de antemano independientemente de sus caras más o menos conocidas. Al fin, no debe ser tan importante un sentimiento que no se traduce en votos. Y será también el momento de revisar nuestro folclore musical, tristemente: no muy contentos de ser de aquí.
 

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