Un sujeto como el que suscribe, que reúne todas las características para ser un apestado contemporáneo; a saber: blanco, católico, español, heterosexual, de derechas y fumador, debería sufrir cierto desánimo en medio de esta sociedad, especialmente ante la situación política que atravesamos.
Y sin embargo me siento optimista. Puede que sea por aquello de que estamos aún cerca del llamado yellow day, el 20 de junio, el día más feliz del año, según dicen, por el mayor número de horas de luz, las temperaturas agradables y la proximidad de las vacaciones. Pero creo que hay otras razones para el optimismo.
La reciente visita del papa ha sido una de las mejores noticias que cabía esperar. Desde luego por la desbordante manifestación de afecto que recibió por parte del pueblo español, y por el hecho de que demostró que existe una juventud muy diferente de la que exhiben los medios de comunicación, pero también porque supo moverse en un terreno sumamente complicado haciendo gala de una altura moral, y de una solvencia y profundidad, que contrastan con las desafortunadas boutades a las que nos tenía acostumbrados su antecesor. La intervención de León XIV ante las Cortes permitió que por fin volviese a oírse en esa cámara tan maltratada un discurso de categoría histórica, y logró reunir en una prolongada ovación a todo un hemiciclo que no es capaz de ponerse de acuerdo ni en lo más elemental.
Pero además ha llegado el Mundial, y de nuevo nuestra Selección ha logrado lo que Mecano cantaba sobre la Nochevieja:
«Entre gritos y pitos los españolitos
Enormes, bajitos, hacemos por una vez
Algo a la vez».
Escribo estas líneas antes de saber si nos clasificaremos para las semifinales, pero en cualquier caso no me digan que no es un placer presenciar cómo la Selección Nacional sigue levantando pasiones, y cómo su camiseta continúa aunando y alegrando a un pueblo que mantiene su vocación de grandeza. O ver esas conexiones que los telediarios hacen con la afición que sigue los partidos en Barcelona o Bilbao ondeando la bandera nacional y exhibiendo una sonrisa que nunca se observa en la cara de los separatistas.
En medio de tanta podredumbre política veamos el bright side of life, amigos, ya lo cantaban los Monty Python.
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