Ha ocurrido. Oriente Medio, siempre sumido en conflictos bélicos, ha firmado un acuerdo de paz el pasado lunes 13 de octubre. Ilusiona, pero no terminamos de creérnoslo, desconfiamos. Ojalá sea una paz justa y duradera, todos queremos eso. Palestinos y judíos tienen derecho a que ambos Estados coexistan.
Fue realmente emocionante ver cómo algunos gazatíes regresaban a sus casas y ser testigos del reencuentro entre rehenes de Hamás hoy liberados y sus familias. Todos los países del mundo deberían celebrar esta tregua, es un paso de gigante.
Esta semana cargada de noticias también está marcada por la concesión del Premio Nobel de la Paz a la activista venezolana María Corina Machado. Decisión controvertida que solo algunos celebran.
Les confieso que yo me alegré al conocer la noticia. María Corina representa en mi memoria la lucha por la libertad y la democracia en su país, una resistencia pacífica pero sostenida va guiando su objetivo. Por eso en un principio me resultó chocante que hubiera reticencias desde algunos sectores. En mi opinión es una cuestión de sentido común. Machado es entrega, democracia frente a dictadura, libertad frente a tiranía, pero sí es cierto que es de derechas, creyente y que además se ha apoyado en Trump para terminar con Maduro arrasando al Cártel de los Soles.
Quienes dicen «ni Corina ni Maduro», ¿con qué autoridad moral cuestionan la decisión del pueblo venezolano?. ¿Qué hizo la ONU para derrocar a este narcodictador que usurpó el poder a sus representantes legítimos? ¿Qué hizo Europa? ¿Qué España?
La diáspora venezolana supera los 9 millones de personas que han tenido que abandonar su país por torturas, hambre, persecuciones. Es el éxodo más terrible de nuestra época solo por detrás de la guerra de Siria, pero no sé, igual las urnas para algunos ya no son algo sagrado, la voluntad de un pueblo no tiene por qué respetarse. ¿Desde cuándo las reglas del juego han cambiado?