Marzo mayeó y mayo marcea como si no hubiera un mañana. Llueve a dios dar agua y las tierras se niegan a aceptarla porque están hasta arriba del líquido elemento. En Vegas, por ejemplo, estoy seguro de que el nivel freático ha subido un metro o más con la consecuencia de que si escabas un pozo pequeñín, sacas una fuente.
Y luego está lo de las tormentas...; uno ya tiene una edad más que respetable y no recuerda (o recuerda mal), un inicio de mes de mayo con tantos truenos y relámpagos. También me viene a la memoria, cuando sucede, la polka ‘Bajo truenos y relámpagos’ de Johann Strauss hijo, algo que logra trasladarte al meollo de una tormenta sentado en tú sofá..., y si la cosa está dirigida por Calos Kleiber, mejor todavía.
El caso es que, debido al cambio climático, a la bomba atómica o a que los dioses se han cabreado bastantico, las nubes que tendrían que caer en junio o el julio, están cayendo a principios de mayo y la naturaleza no se si podrá aguantar tal desbarajuste. Y, si no, que se lo pregunten a las abejas, que andan con la picha echa un lío. Ya sucedió algo parecido el año pasado, en el que, como en este, marzo fue fantástico y en mayo cayó la mundial. ¿Resultado?, unas de las peores cosechas de miel de los últimos treinta años.
Uno no sabe si este cambio radical en el tiempo atmosférico es culpa de los hombres y sus inventos o es que el planeta tiene que regenerarse cada cierto tiempo, como ha sucedido a lo largo de la historia. El caso es que nos ha tocado la china y tenemos que convivir con ella porque no nos queda otro remedio para sobrevivir.
Otra cosa extraña que sucede es el cambio que está pasando con la plantación de las vides: cada vez más, las grandes bodegas patrias buscan el norte como ansiosos hambrientos, y así sucede que lugares como Toro, El Bierzo, o las Tierras de León y de Benavente son el nuevo paraíso vitivinícola, cuando hace cincuenta años eran meras anécdotas, que, además, daban un vino férreo, astringente a más no poder y con una calidad más que cuestionable. Hoy, sin embargo, están en la primera liga nacional, produciéndose en ellas alguno de los mejores vinos de la nación..., y de los más caros. De seguir así, no resultará nada extraño que los vinos de Cangas de Narcea (un crimen de lesa humanidad), en veinte años sean los más buscados, los más cotizados. No os extrañe que vuestros nietos vean plantadas viñas en Escocia o en Dinamarca...
Y, encima, en esta provincia tenemos que soportar el nuevo invento de las balsas de riego, que vienen a ser, en pequeño, como los pantanos que construía el General, sólo que sin anegar pueblos. El caso es que habrá diez o doce ya en la provincia en funcionamiento o en construcción, como es el caso de la que están haciendo en Vegas. Lo curioso del asunto es que las hacen ahora, cuando en los pueblos apenas quedan labradores y ganaderos (a lo sumo, y en el mejor de los casos, dos o tres por pueblo), y los que funcionan son veteranos a los que les queda, tirando por alto, diez años de trabajo antes de jubilarse. Un sin dios, se mire como se mire.
Es, cree uno, un despilfarro de millones de euros, y mucho más desde que la banda de Bruselas ha firmado el acuerdo con Mercosur. Los argentinos, los brasileños, los paraguayos y los chilenos pueden producir al año más maíz, más trigo, más cebada y más carne de vacuno que Europa en diez y a un precio ridículo, comparándolo con nuestros estándares. Además, las putas balsas seguro que cambian, ¡otra vez!, el clima del pueblo al que le ha tocado ‘en suerte’, acogerla.
Llevo diciendo en la tertulia de la mañana en el bar de Mirian que vamos a parecernos a los ingleses o a los de Valladolor en eso de la niebla, de la humedad, de los reúmas eternos, de los ataques de asma...
No es, en ningún caso, una buena perspectiva la que se nos presenta y quién lo quiera ver es que está tan ciego que los rezos a Santa Lucía son inútiles. Me acuerdo del chiste de Jaimito, ese en que su madre le advertía que no fuese cruel con una niña que iba de visita y que no tenía orejas. Jaimito hizo caso a su madre y, al verla, sólo dijo: «que Santa Lucía te conserve la vista, porque, si no, las gafas las tendrás que colgar en las tetas».
Salud y anarquía.