Pasan los años y aunque existe cada vez más visibilidad sobre el colectivo LGTBIQ+, así como de las diferentes identidades y orientaciones de la sexualidad que este conforma, todavía seguimos escuchando preguntas y comentarios que se alejan de ser inclusivos y asertivos.
– «Porque tú, ¿qué eres?».
Cuestiones que se definen como absurdas construyen un lenguaje que perpetúa una violencia hacia la diversidad. Y la respuesta a estas cuestiones es, que no somos cosas, no somos un qué, ni una realidad a valorar o buscar para saber o entender.
Las personas pertenecientes al colectivo, simplemente somos parte de él. Sin embargo, el hecho de estar, no significa que tengamos que ser tratados de diferente forma o idealizados como si fueramos muñecos de feria.
Tan solo queremos ser, sin ser señalados por ello.
Por otro lado, se asocia mucho a la juventud con el colectivo, porque uno de los prejuicios muy arraigados socialmente es que son cosas de jóvenes, para quitarle importancia a la verdad de que, las personas del colectivo, ya llevamos existiendo desde hace mucho tiempo.
Por ello, me temo que no es una cosa de jóvenes ni deberíamos reducir colectivos o el origen de otras formas de existir, a la edad o al género.
Además, las etiquetas impuestas por prejuicios y cánones de belleza, las viven todos los seres humanos, ajenos a si pertenecen o no a un colectivo específico.
Al fin y al cabo, somos parte de una matriz común y crear barreras los unos con los otros, solo nos lleva a una individualidad que más que ayudarnos a crecer, nos limita.
Por todo ello, durante este mes de junio, vivamos más que nunca, el orgullo de ser, vestir y amar como nos apetezca.
Porque un presente sin dignidad y respeto, no tendrá futuro.