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¿Qué pueden hacer los hombres después del 8M?

02/05/2026
 Actualizado a 02/05/2026
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Cada 8 de marzo vemos a muchos hombres que acompañan las marchas, que aplauden desde la acera, que felicitan a las mujeres de su entorno. El gesto es bienintencionado, pero la pregunta de fondo es otra: ¿qué pueden hacer los hombres después del 8M, cuando ya no hay pancartas ni consignas?

Lo primero, escuchar. Escuchar de verdad, sin ponerse a la defensiva, sin querer dar lecciones ni acaparar el foco. Escuchar a las mujeres en su casa, en su trabajo, en sus círculos, y reconocer que la desigualdad existe aunque ellos no la hayan sufrido.

Lo segundo, revisar sus propias prácticas cotidianas. ¿Quién se encarga de las tareas invisibles en el hogar? ¿Quién interrumpe más en una reunión? ¿Quién da por hecho que la ropa limpia o la comida estarán siempre a punto? Cambiar no es cuestión de grandes discursos, sino de gestos diarios que suman.

Después del 8M, los hombres pueden hacerse cargo de su parte en la corresponsabilidad: cuidar a los hijos, atender a familiares dependientes, participar en las tareas domésticas como un deber compartido, no como “ayuda”.

Pueden también convertirse en aliados en los espacios públicos: no reír las bromas machistas, señalar los comentarios fuera de lugar, defender la voz de una compañera en el trabajo. No se trata de hablar por nosotras, sino de usar sus privilegios para abrir espacio y no para ocuparlo.

Y, sobre todo, después del 8M los hombres pueden comprometerse a cambiar el guion de la masculinidad que heredaron. Aprender a cuidar, a pedir ayuda, a compartir vulnerabilidad. Entender que la igualdad no es una pérdida de poder, sino una ganancia de humanidad.

El feminismo no necesita espectadores masculinos un día al año: necesita compañeros de viaje todo el año. Porque la igualdad no será plena mientras ellos se queden en la grada mirando. Será real cuando también den un paso al frente y se atrevan a vivirla.
 

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