Así, hemos podido ver cuán rápidamente se movilizaron, amén de fiscala y juez, verbos y pasiones por doquier por una pequeña pancarta que, además de no sé que enaltecimiento (¿o era alzamiento?) ofendió profundamente a los que, a veces, tal parece que precisen sentirse ofendidos y anden a la búsqueda y captura de agravio. Sin embargo, somos mucho más sobrios y contenidos ante actitudes machistas o acosadoras, y hasta con lo asesinatos de mujeres –ahora ya hay quien pregunta por la nacionalidad de víctima y asesino– tanto entre quienes deberían comportarse con madurez –buen juicio o prudencia, sensatez– como entre quienes tienen a su cargo la educación, que no la formación, de infantes y púberes. Sí, esos que acosan y maltratan a compañeros de colegio o instituto. Esos que van camino de maltratar –la forma y el estilo será lo de menos– a cualquier otro que no se acople a sus deseos, esos que van camino de no ejercer en la vida más relaciones con los demás que las de poder.
Poco más de mes y medio de año y ya llevamos diez mujeres asesinadas. No veo movilizaciones, ni grandes ni pequeñas, salvo honrosas excepciones, por ninguna parte. Se acosa y maltrata a niños y jóvenes y… ¡siempre fue así! Los hay que por ellos, seguiríamos en los árboles. ¿Qué nos pasa con respecto a estas verdaderas tragedias?
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