Imagen Juan María García Campal

Qué nos pasa con las tragedias

17/02/2016
 Actualizado a 07/09/2019
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En esta corrala que, a veces, parece la nación, en este solar patrio en que abunda tanto titiritero, volatinero, que con habilidad e (in)cierta arte anda y voltea por el aire y, a poder ser, empleo político, en esta descomunal portería –me disculpen los del ramo– tan dada al rumor, al chiste fácil, a los dimes y diretes y al mordaz si no montaraz desprestigio –obviamente del ausente–. ¿Es comedia en su peor acepción: farsa o fingimiento? En este país, quizá por adscripción histórica al valle de lágrimas, somos mucho más severos y prejuiciosos con la ajena libertad –léase de pensamiento, palabra, obra– que con los dramas y tragedias que puedan afectar al próximo, al cercano. Venimos a ser más de títeres, sainete y lenguaje figurado, que de enfrentar, a cara y firma al pie, las vergonzosas tragedias que nos afectan socialmente o, lo que es peor, que lo hacen a algunas de nuestras convecinas, conciudadanas, o a su prole. Para eso siempre parece que tuviéramos las orejeras –prejuicio o percepción parcial de la realidad– dispuestas al escaqueo, al esquive de lo que no deja de ser responsabilidad de todos, es decir, para que no se diluya la cosa, de cada uno de nosotros.

Así, hemos podido ver cuán rápidamente se movilizaron, amén de fiscala y juez, verbos y pasiones por doquier por una pequeña pancarta que, además de no sé que enaltecimiento (¿o era alzamiento?) ofendió profundamente a los que, a veces, tal parece que precisen sentirse ofendidos y anden a la búsqueda y captura de agravio. Sin embargo, somos mucho más sobrios y contenidos ante actitudes machistas o acosadoras, y hasta con lo asesinatos de mujeres –ahora ya hay quien pregunta por la nacionalidad de víctima y asesino– tanto entre quienes deberían comportarse con madurez –buen juicio o prudencia, sensatez– como entre quienes tienen a su cargo la educación, que no la formación, de infantes y púberes. Sí, esos que acosan y maltratan a compañeros de colegio o instituto. Esos que van camino de maltratar –la forma y el estilo será lo de menos– a cualquier otro que no se acople a sus deseos, esos que van camino de no ejercer en la vida más relaciones con los demás que las de poder.

Poco más de mes y medio de año y ya llevamos diez mujeres asesinadas. No veo movilizaciones, ni grandes ni pequeñas, salvo honrosas excepciones, por ninguna parte. Se acosa y maltrata a niños y jóvenes y… ¡siempre fue así! Los hay que por ellos, seguiríamos en los árboles. ¿Qué nos pasa con respecto a estas verdaderas tragedias?

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