Imagen Juan María García Campal

¿Qué fue de vosotras?

22/04/2026
 Actualizado a 22/04/2026
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Hoy escribo así como alegremente sumiso a una nueva y creciente acometida de abriles o de «vieyura» que diría mi paterna abuelita, enseñando, siempre, que es enfermedad que «nun tien cura». Y pienso que quizá a esta acumulación de tiempo vivido cada día me entristezca o disguste más la que, desde mis varios observatorios, me parece creciente pérdida de las que se llamaban «buenas formas» en la acepción fijada como «manera o modo de comportarse según las normas de educación» y, obviamente, convivencia, pues, si no se las aplicamos a esta, no va aquella, la educación, más allá de una valoración como conveniente herramienta a usar, tan solo según, cuándo, cómo y, sobre todo, con quién, en vez de como un componente esencial de la convivencia social que, a través de la urbanidad, la cortesía, el civismo en sí, no sólo la facilita sino que la mejora y enriquece en beneficio de todos. Vamos, que allana y hace menos desagradable para cada cual la realidad, ya por tantos otros tan destemplada, de horas y días, de vida, propia y en común.

Escucha y ve uno las noticias de radio o televisión por la mañana, y más apetece volver a la piltra, taparse hasta la cabeza y decir «sigan sin mí» que salir a celebrar el nuevo día o a enfrentar lo mejor posible lo que la vida depare. Ya no digamos si de alguna manera seguimos un pleno parlamentario, sea este nacional, regional e incluso municipal. ¿Cómo se ha llegado a convertir, de reducir el lenguaje, la oratoria, ese «arte de hablar con elocuencia», esa «facultad de hablar de modo eficaz para deleitar, conmover o persuadir», en simple y degradante instrumento de insulto y descalificación, de agresión verbal, y cómo. No, no puedo evitar ante su escucha el disgusto y la tristeza, y más si se tiene presente que, como dice Noam Chomsky, «...el lenguaje no puede ser considerado propiamente como un sistema de comunicación. Es un sistema para expresar el pensamiento, que es algo muy diferente». 

Y digo esto porque es ahí donde me duele. Se puede disculpar o matizar después, pero cuando alguien dice: «tenemos el deber de combatir, incluso con violencia, la aberración moral del aborto y la eutanasia», expresa exactamente su pensamiento, su idea, su ideología extrema, porque lo dicho, dicho está y cualquier rectificación o aclaración no llegará igual al mismo número de seguidores y si llega, será entendida como «corrección política». Cuidado, merman los adversarios y crecemos los enemigos. ¡Ay argumentación! ¡Ay mesura! ¿Qué fue de vosotras?

¡Salud!, y buena semana hagamos.

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