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¿Qué fue antes, el huevo o la gallina?

11/11/2025
 Actualizado a 11/11/2025
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Lo de echarle la culpa a «los políticos» de toda desdicha acontecida empieza a sonar a disculpa de mal pagador. Sujeten sus piedras y lean un poco más antes de comenzar la lapidación, no me refiero a ningún reproche concreto ni a representantes públicos de una ideología determinada, me refiero al muy ejercitado deporte de la crítica facilona, aplaudida y por ello cómoda, a todo, todas y todas sin el más mínimo análisis. Para mi esta práctica no pretende mejorar las cosas, ni aportar, ni expresar opiniones aunque no gusten pero sean necesarias para reflexionar. Creo que sólo esconden frustración, enfado, odios y sentimientos mal gestionados y provocan lo contrario de lo que, en teoría, pretender conseguir, crispación, más odio, polarización y enfrentamiento.

No he querido decir en ningún momento que quien contrae un compromiso y una responsabilidad con su tierra a través de un cargo público no esté obligado a rendir cuentas y que entre sus obligaciones no esté escuchar la voz de a quienes representa y, por supuesto, cada cuatro años someterse a la verdadera evaluación de sus políticas donde, por cierto, nos llevamos sorpresas en no pocas ocasiones. Pregúntense primero qué tipo de sociedad quieren ser y luego elijan a sus representantes.

Mire a su alrededor e intenten descifrar el enigma de si fue antes el huevo o la gallina. La política es un fiel reflejo de la sociedad que representa, y para muestra un botón, dense un paseo por el estercolero que ahora llaman X y me cuentan, o mucho más fácil, circulen en coche un día de tráfico por el centro de una ciudad y evalúen mi teoría de que la gente conduce como vive. Hay personas amables que ceden el paso, que ante la confusión de carril de un compañero de vía, (oh craso error que puede llevarte a la cadena perpetua de perecer en el carril equivocado), controlan la imperiosa necesidad de indicarle que se ha equivocado, por si no lo sabía por los miles de pitidos, no lo insulta e incluso favorece la enmienda de su error. Creo que otra columna ya cité las palabras de Berlusconi que se me quedaron clavadas hace años, cuando era presidente de Italia, por mi estupefacción ante el hecho de que un tipo, corrupto, machista y putero pudiera ser reelegido: «Yo soy como todos los italianos quieren ser». No quiero pensar que vivimos en una sociedad cada vez más racista y xenófoba, que retrocedeos en feminismo, ni que cada vez somos más insolidarios e individualistas, quiero pensar que los crispados, los odiadores , los amargados gritan más, animados por intereses en muchas casos partidistas, eso sí, no debemos caer en la ingenuidad de obviar que existen a quieres les interesa la polarización, el odio, el olvido de la historia y de lo que supuso luchar por los derechos y el estado del bienestar que ahora damos por asegurado y por los que muchas y muchas dieron la vida. La crítica indiscriminada, sin análisis ni fundamento sólo enfanga el medio ambiente en el que nos movemos todos y en el fango solo sobreviven las alimañas que se alimentan de él, los y las del «dame pan y llámame perro» y hace huir a todo aquel y aquella que fue a aportar y que en el ecosistema actual dará un portazo y entonará el «con su pan se lo coman». Con carencias y errores hay que reconocer el trabajo de quien se rompe los cuernos por hacerlo bien porque si no sólo se quedarán los de los cuernos y el rabo y de paso, desde nuestro sitio, hacer esta vida un poco mejor al que tenemos al lado, aunque sólo sea por el recuerdo de aquel(la) que un día nos la hizo a nosotros. Porque, ¿qué fue antes, el huevo o la gallina?, tuve un profesor que respondió…el huevo, pero no era de gallina. 

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