Crece en accidentes y territorios afectados el caos ferroviario, mas nadie tema, con su permiso o sin él, hoy no escribiré de trenes, pues de ellos solo tengo avalada experiencia en perderlos y, si algo, poco sé de los caminos de hierro de la España casi toda (hoy al parecer de acero con alto contenido en carbono) y aún menos de su red de alta velocidad. Además, por lo que leo y escucho en estos trágicos días, creo que la patria ha llegado ya -como casi siempre que sufre una catástrofe de cualquier clase- a una tendenciosa inflación de presuntos expertos y peritos en el tema. Términos estos que, consultada su etimología, avalan dos de las pocas frases celebres sobre ellos que, pronunciadas por el físico danés Niels Bohr, dicen: «El experto es alguien que ha cometido todos los errores posibles en un campo muy estrecho» y «El perito es el hombre que sabe cada vez más sobre cada vez menos, hasta que lo sabe todo sobre nada». Y sin embargo, ya vemos cómo, por todas partes, aparecen temerarios sabihondos que con sus insensatas y presuntamente exactas aseveraciones parecen olvidar, si no desconocer, lo escrito por Rita Mae Brown: que «El buen juicio se basa en la experiencia, y la experiencia se basa en el mal juicio». No trato obviamente de disculpar o justificar a nadie del estado de nuestro transporte ferroviario y aún menos de sus dramáticas consecuencias, trato de que todos no palpemos la ropa, a ser posible cercana al corazón, antes de agarrarnos a cualquier interpretación como dogma de fe, obedeciendo más a los intereses de grupo que a la independencia del propio criterio y que, de creer, creamos más en los expertos y peritos en la esperanza de que sean independientes como deben ser los jueces y rigurosos como deben ser los científicos. No se nos trate como a inocentes crédulos. Tiempo, rigor y paciencia, exige la verdad.
Mas, para que hablar de estas civilizadas y, posiblemente, idealizadas exigencias cuando, a poco que uno eleve la mirada al mundo, cada vez vemos menos de ellas y más del regreso a la ley del más fuerte sin escrúpulo alguno. Cómo puede ser que el presidente de la nación más rica y poderosa del mundo ande por lo foros internacionales con ese matonismo que le caracteriza, afirmando sin el menor rubor que lo que no compre -porque no se le venda- lo ocupa, o con escandalosas propuestas turístico-constructivas para la Franja de Gaza o lo que aún es peor imponiendo en su país una política migratoria digna del peor nazismo. ¡Qué escribir inútil este!
¡Salud!, y buena semana hagamos.