Práctica, intensa, solidaria, férrea, efectiva y veloz. Así ha sido la Ponferradina en sus dos últimos partidos contra el Ourense y el Racing de Ferrol. Tras muchos turnos de albañilería sin que se apreciara avance alguno, el equipo por fin ha empezado a erigir los muros y estructuras que en agosto imaginábamos que levantaría, aunque bajo la dirección de un capataz distinto. Y es que, por ironías del deporte, aquello que Nafti parecía dispuesto a detonar a su llegada está siendo ahora reforzado y completado bajo su supervisión: la obra que Fernando Estévez se vio obligado a dejar inconclusa.
Uno de los tópicos más empleados en el mundo del fútbol es hablar de puntos de inflexión, de cambios de dinámica, de limpiar cabezas, de revertir situaciones. Y, aun así, no por repetido deja de ser relevante. Ponferrada lleva meses esperando ese giro tras recibir uno de los golpes más duros jamás encajados. Primero quisimos aferrarnos a aquel amistoso contra el Lugo en El Toralín, remontado de forma épica por los blanquiazules. «En la segunda parte empezó la nueva temporada», comentó Fer por aquel entonces. Pero no. Tampoco lo fue el abultado 0-3 del estreno liguero en Avilés, que invitaba a pensar en un cambio. Nada de eso sirvió. Tanto buscar reseteos milagrosos en los marcadores cuando, quizá, el verdadero punto de inflexión haya aparecido lejos del césped.
Casualidad o causalidad, tras la viral —por desafortunada— rueda de prensa de hace casi dos semanas del nuevo entrenador, ese que vino queriendo hacer florituras mientras planeaba entre las nubes, el equipo ha sido otro. Nafti repartió cera hasta al apuntador en una pérdida de papeles sorpresiva, pero desde entonces ha empezado a pisar el suelo. O le han hecho pisarlo. Atrás quedaron los volantazos semanales como emplear a un punta de 1,90 prácticamente como doble lateral, abandonar a su suerte a un central diestro en el costado izquierdo o alinear de repente a un extremo con la mente —y el fútbol— ya muy lejos de la comarca. Ahora sí, la Deportiva ha comenzado a comportarse como un equipo cabal, consciente de sus virtudes y de sus defectos. Nafti ha empezado a entrenarla de verdad. Siempre me han inculcado que hay que darle al César lo que es del César, y más allá de que las cartas hayan sido triunfales en estas dos semanas, una gran parte del mérito es del crupier.
Quizá el punto de inflexión no sea un gol ni un resultado, sino el momento en que el que dejamos de buscar atajos y volvemos a caminar con firmeza. Sin creernos más que nadie. Ser conscientes de nuestra nueva realidad. Dejar de volar por el cielo y aceptar embarrarnos batallando en tierra firme. Quizá el verdadero punto de inflexión sea, simplemente, ese preciso instante en el que entiendes realmente quién eres antes de intentar ser algo más.