04/05/2026
 Actualizado a 04/05/2026
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Pues se ha vuelto a librar de pasar por el banquillo de los acusados. En 1984 por el escándalo Banca Catalana y en 2026 por el caso que lleva su propio apellido. Jordi Pujol ha sido exonerado de los presuntos delitos de blanqueo de capitales y asociación ilícita porque está mayor (96 en junio). Pobrecito, el líder del nacionalismo catalán no tiene capacidad para defenderse.

Han pasado casi 14 años desde que reconoció públicamente que disponía de un montón de dinero no declarado en Andorra. 

Dijo entonces que procedía de la herencia de su padre y que, entre unas cosas y otras, no había tenido tiempo para legalizarlo. Lo hizo, claro, porque la Audiencia Nacional había iniciado una investigación a su hijo Jordi, ese al que la exnovia acusó posteriormente de llevar bolsas de basura llenas de billetes, casualmente, también a Andorra.

Gobernó Cataluña entre 1980 y 2003, los tiempos del famoso tres por ciento que decía Maragall. El protocolo lo elevaba a la categoría de «muy honorable» y ante la prensa evitaba hablar de asuntos delicados con el quiebro «no toca». 

Mandaba mucho también en España. A cambio de prebendas y privilegios para su terruño, apoyó sucesivamente a Adolfo Suárez, Felipe González y José María Aznar. La aritmética de la penosa ley electoral que soportamos en este país siempre ayuda a los mismos.

Me encantaría que alguien me explicara, de verdad, los motivos por los que  los tribunales de justicia han tardado 13 años en iniciar el juicio del caso Pujol. De lo contrario, es casi obligado pensar mal. 

Hace tiempo, mucho tiempo, que un conocido político me dijo que el procedimiento se iba a dilatar lo necesario, a la espera de que el matrimonio de Jordi y Marta Ferrusola dejara este mundo terrenal y que los hijos imputados ya pagarían por ellos...

Que la justicia no es ciega lo sabe hasta el tonto del pueblo. Que no todos somos iguales ante la ley es uno de los eternos principios de la humanidad.
 

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