Lo primero que dijeron (y cuánto mejor si hubieran acudido al tópico de tapar agujeros y anunciado sólo baile vermú) los de la comisión de festejos de Villamanín cuando les tocó el Gordo fue que iban a montar unas fiestas mejores que las de Ponferrada (sic), con Rosalía y todo. Después, ya, en fin… de la risa al llanto hay una distancia breve.
La división esencial de la provincia ya no es norte/sur, montaña/llano. Ahora tenemos dos grandes bloques en la tipología leonesa: los pueblos que han contratado a Panorama para sus fiestas patronales y los que se han quedado con las ganas porque no se lo pueden permitir. Todo depende de conceptos tan festivos como leñas, cotos de caza, pastos, huertos solares. O Loterías del Estado. Dicho de forma menos sibilina, hay juntas vecinales que tienen más ingresos que el IBEX y no saben qué hacer con los euros; otros pueblos sólo se organizan con chocolate y menudeo entre sus vecinos, entendidas dichas expresiones en el buen sentido. Es asunto de Grandes Fiestas en... un pueblecito del sur leonés, o quizá fuese del norte, que cuenta con poco más de trescientos habitantes, se trajo a la orquesta París de Noia en marzo; otra localidad del alfoz, pero igual pudo ser de la meseta, se decidió por el grupo La Misión en septiembre.
La cosa de las grandes fiestas tiene mucho que ver con esa otra tendencia de nuestro tiempo que se podría resumir en el lema a-ver-quién-la-tiene-más-grande. Basta que alguien rete a un gobernante con un no hay güevos para que reaccione con un sujétame el cubata y se desencadene la rivalidad entre pueblos o ciudades. Y así está la geografía nidia de “grandiosas grandiosidades”, que diría el boñarense Sagasta. Los munícipes por antonomasia se emplean a fondo, como si quisieran imitar aquellas esculturas monumentales de la propaganda y megalomanía soviética, en el columpio más alto o las luces de Navidad y el ramo leonés más grandes o los enanitos más crecidos o el mural más vistoso o el rótulo con letras gigantes de molde en la primera rotonda de entrada, tipo Marbella. Venga, en busca del récord a la exageración más llamativa.
Pero todo esto es una fiebre a nivel España. Dos casos extremos nos espeluznan. En Boadilla del Monte proyectan construir un pastiche con la figura desproporcionada y en calzoncillos de un Cristo más grande que el de (me) Río de Janeiro, válgame el Señor. En Burgos, el verano pasado Vox propuso levantar un toro de trescientos metros de altura, el triple que su catedral (¿un icono por si se acaban las corridas, un astado perteneciente al gótico tardío para que no desentone?). En su barriga habría restaurantes y tiendas, en sus cuernos miradores panorámicos y en sus dos olés, pues no sabemos todavía lo que cabrá. Como mínimo habrá sitio para todo un repertorio del mal gusto estético, una oda a la desmesura. En cualquier caso, todo cuestión de dinero.
Suerte para El Niño. Por adelantado y por si acaso, enhorabuena a los premiados.