Viajemos en el tiempo y recordemos que era eso del pucherazo, y pongamos un poco de luz al término.
Pucherazo, hacía referencia a la manipulación electoral en la época de la alternancia entre Conservadores y Liberales, durante la restauración borbónica en España (1874-1931). Una autentica dominación política para la alternancia en el poder, que hizo de las zonas rurales y las pequeñas ciudades un auténtico sembrado de caciques que marcarían la política de nuestro país; para llevar a cabo la manipulación, se guardaban papeletas de voto en un puchero (de ahí su denominación) y se añadían o sustraían de la urna electoral a gusto del consumidor, es decir, para que ganase el que se hubiese acordado.
Pero se utilizaban otros métodos, instrumentos de nuestra guerra política, para conseguir los resultados deseados: desde colocar las urnas en lugares de acceso imposible para impedir que los electores fuesen a votar, al uso de los ‘Lázaros’, es decir, esos muertos que resucitaban para ir a votar. Para ello se usurpaba la identidad del muerto (ya que los censos estaban cerrados con fechas anteriores a sus fallecimientos), y se iba a votar haciéndose pasar por estos.
Y es que el tema del Censo Electoral, sigue trayendo su conflicto. Continuamente se registran noticias de poblaciones que, por arte de magia, pasan de tener 20 habitantes a los 100 censados en un abrir y cerrar de ojos. Todo es válido en el arte de mentir que es la política si con ello se consigue el objetivo; conseguir el puesto poder. Por suerte, hemos evolucionado y existen métodos de control para perseguir estas prácticas de tiempos lejanos y las actuales; instrumentos como la Junta Electoral, sirven para vigilar, recoger las denuncias y castigar a aquellos ‘adelantados’ que intenten burlar las Leyes.
Pero quedan muchos pasos por andar en este arduo camino electoral y aún estamos a las puertas de la gran batalla que se habrá de librar próximamente. Las nuevas tecnologías, abren nuevos métodos de participación y elección política que generan serias dudas respecto a su control y transparencia. Veremos si la antigua Ley Electoral, basada en la representación por Provincias, sigue favoreciendo a los partidos mayoritarios (PP, PSOE) o por el contrario colocan a los nuevos partidos (Podemos, Cs, Vox…) a la misma altura que los mayoritarios; un nuevo ‘espectro político polarizado’ (numeroso y dividido). Quizá ese espectro fantasmagórico, sea el anunciador de la hecatombe que se habrá de producir.
¿Serán capaces nuestros políticos de formar mayorías estables para el Gobierno, o nos veremos abocados a repetición de Elecciones en numerosas ocasiones? En nada lo sabremos.
Terminaremos con nuestra cita del día:
«El mago hizo un gesto y desapareció el hambre, hizo otro gesto y desapareció la injusticia, hizo otro gesto y se acabó la guerra. El político hizo un gesto y desapareció el mago». (Woody Allen)
Pedro Villanueva es politólogo
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